A Dios rogando...

MARÍA MATIENZO PUERTO | La Habana  DDC
La gente le da la vuelta a la ceiba y convierte en un acto religioso lo que fuera un homenaje a la fundación de La Habana.

495 años  y parece que cumple 2000. Hay zonas de La Habana que recuerdan a Troya, Pompeya, Sodoma, Gomorra, Nínive, Babilonia, Varsovia, Hiroshima, Nagasaki, Managua, Kosovo, Iraq.

La ciudad intenta festejar, pero el polvo de la desidia no la deja. La gente baja todo el bulevar de Obispo con un trago en la mano para no perder la oportunidad de pedir deseos.
"Que el viaje sea este año"... "Que Mirta salga de mi casa y me deje en paz"... "Ay Señor mío, que Ivan encuentre otra mujer"... "Que mi jefe se parta una pata"... "Que la vieja se acabe de morir"..."Que Francesco vuelva con pacotilla para mí"... "Que Lidita siga mandando dinero"... "Que el negocio me prospere y aleja a los inspectores"... "Que mi hijo cumpla y salga ya de la cárcel"... "Ay Iroko, que me den este año la casa"...
La cola le da la vuelta al Castillo de la Real Fuerza. Y llega más gente.
La Catedral de La Habana tiene abiertas sus puertas  porque espera a la medianoche para dar la misa a San Cristobal. Hay quien piensa que es más cristiano pararse a los pies del Santo y pedirle sus deseos a él, que está más cerca del Señor, aunque hace dos años lo intentaran descanonizar porque, ciertamente, no obra muchos milagros.
Los habaneros confunden a la ceiba fundadora con Iroko. Muchos van con sus collares de iniciación en la Regla de Ocha. Y lo que fuera un homenaje a la fundación de la ciudad se vuelve un acto religioso.
"Yo vengo todos los años porque hay que tener fe", dice una mujer mientras hace la cola y espera su turno. Y asombra cómo contrasta la juventud de su rostro con la resignación de su frase.
Ciertamente se ha vuelto  una tradición muy cubana eso de pedir deseos sin hacer nada por lograr sus sueños.
Los cubanos esperamos a que nos den un refrigerador, un televisor, cazuelas nuevas, una casa, un carro, un viaje. Creemos en Papá Noel, su trineo y el Gobierno.
Las leyes de emigración hacen del aeropuerto un embudo; las leyes para los cuentapropistas son avasallantes; la ley de jubilación extiende la esclavitud por 10 años más; la gente se queda sin trabajo, sin casa, vive en unas condiciones deplorables, tiene un salario miserable de por vida,  se alimenta mal, va al médico y lo maltratan, no tiene internet, no tiene teléfono, no tiene derecho a protestar y sigue teniendo valor solo para pedir deseos.
Mi abuela decía: "A Dios rogando y con el mazo dando". Y una cubana que se niega a hacer una cola para ver si sus deseos se hacen realidad, afirma: "Este año intenté ir, pero la verdad es que me dio muy mala espina hacer una cola para dejar allí mis ilusiones. Es que a mí me enseñaron que cuando uno quiere algo, lo lucha".