Mientras más mira, menos ve


Por casualidad llegó a mis manos un artículo de El Nuevo Herald, acerca de lo expresado por la famosa bloguera cubana Yoani Sánchez en el Foro de la Libertad recientemente celebrado en Oslo, Noruega.

Firmada por Eduard Freisler, en la reseña se dice que en su discurso titulado 'La revolución underground en Cuba', Sánchez aseguró que "la utilización de las memorias flash rompió el monopolio que el gobierno tenía sobre cualquier información y ha echado a andar a la sociedad cubana entera”, lo cual en mi criterio proyecta una imagen bastante distorsionada de la muy compleja realidad nacional.

La bloguera comparó la situación de décadas pasadas, en las cuales no existían medios para difundir las propuestas y discursos de los opositores, con la actualidad, donde muchos activistas independientes se sirven de los adelantos de la comunicación moderna para trasmitir al mundo su visión de la realidad cubana y hacer denuncias y propuestas.

Esta señora parece vivir en una isla fantástica e ilusoria. Según ha contado, a ella en 2004 le bastó romper su pasaporte para lograr quedarse en Cuba, después de pasar el límite entonces permitido de once meses fuera del país, algo que a otros opositores, como el democristiano Adrián Leyva le costó la vida.

En esa isla ilusoria, a ella le fue suficiente ponerse una peluca rubia (verla en la foto), para 'burlar' un férreo operativo de la policía política, que a esa misma hora impedía la entrada a diplomáticos y corresponsales de la prensa extranjera a un céntrico espacio de debate cultural en 2009.

En esa isla fantástica, hace pocos días dijo en Varsovia, que navega oronda por todas las redes de internet desde los ridículos, ineficientes y controlados servicios que brinda la empresa estatal monopólica de las telecomunicaciones.

En esa Cuba ilusoria y fantástica, su periódico digital recién inaugurado resulta ser el primer medio independiente, borrando de un elegante plumazo la ejemplar historia de la prensa alternativa cubana.

En la entrevista publicada en El Nuevo Herald, la bloguera llega al colmo de la distorsión de la realidad, al afirmar que “hace diez años la disidencia consistía en apenas un pequeño grupo de activistas políticos".

Parece que no hay nadie que le informe que hace diez años, ya habían pasado más de mil activistas pacíficos por las prisiones del régimen, que ya existían organizaciones sindicales y cívico-profesionales con reconocimiento internacional y una prensa independiente que ella se empeña en desconocer.

Ser escuchado por muchos reviste una enorme responsabilidad. Pero desde la altura de su encumbramiento personal, a la bloguera le resulta imposible aquilatar tamaño compromiso y, mucho menos, ver los complejos matices de una sociedad convulsa y profundamente fracturada.

El segmento de cubanos que tiene la posibilidad de obtener cierto nivel de información y otros productos culturales a través de dispositivos digitales, es una minoría y constituye un reflejo nítido de la polarización social que corroe el cuerpo y el alma de la nación, sin que algunos se dignen a reconocerlo.

El hecho de que, ciertamente, un número visible de ciudadanos accedan por distintas vías a informaciones y conocimientos antes totalmente vedados, no debe esconder el hecho de que, por lo general, ese conocimiento no se transforma en oposición abierta o militante. Ni a cambiar la triste realidad, de los cientos de miles de cubanos que sobreviven a duras penas la generalizada depauperación de la sociedad.

El enorme abismo socioeconómico que separa a esa casta de privilegiados que gozan de un relativamente adecuado estatus de vida -aunque expuestos a la ausencia de las garantías jurídico-legales que padecemos todos los cubanos- de la gran masa de compatriotas que sufren día a día y sin esperanza los rigores de un modelo fracasado que hace años borró para la gente de a pie toda expectativa de normal realización personal, marca un trauma profundo para el presente y un enorme peligro para el incierto futuro de un país abocado a cambios trascendentales en condiciones extremadamente complejas.

Resulta muy preocupante que una persona que sabe que es escuchada y atendida en el mundo, proyecte una imagen distorsionada de la Cuba actual. No es un secreto que la isla padece un enorme retraso tecnológico frente al mundo occidental, pero internamente sectores de la población son víctimas de esa enorme brecha digital y tecnológica que los coloca en difíciles condiciones de cara a los enormes retos que plantea el presente y el futuro.

En esta isla de pobreza y desventaja territorializada y racializada, muchos habitantes del interior del país y una gran masa de afrodescendientes, no pueden ni siquiera soñar con las ventajas y alcances que describe Yoani Sánchez en una caracterización de un panorama social que puede confundir a observadores e interlocutores foráneos.

Son todavía demasiados los cubanos que no tienen contacto con las tecnologías modernas para abrir sus horizontes de vida y, mucho menos, para acceder a una información fidedigna y contrastada. Ésa sigue siendo una de las claves principales del poder sultánico de la familia hegemónica.

El pasado mes de junio, la ONG Empoderacuba y el Comité Ciudadanos por la Integración Racial CIR desarrollaron en La Habana el evento Tecnovida. Junto a temas de seguridad informática y viabilidad tecnológica, Tecnovida trató a profundidad las causas e implicaciones de esa enorme brecha digital y tecnológica y la imperiosa necesidad de impulsar iniciativas que brinden a los ciudadanos más desfavorecidos, las herramientas y mecanismos que les permitan acercarse y servirse de las nuevas tecnologías.

Y se atenúen así las peligrosas desigualdades que la reconocida bloguera parece incapaz de apreciar.

Leonardo Calvo Cárdenas
Foto: En octubre de 2009, Yoani Sánchez se puso una chapucera peluca rubia y se "disfrazó de extranjera", para entrar a un debate sobre internet organizado por la revista Temas en el centro Fresa y Chocolate del ICAIC, en 23 entre 10 y 12, Vedado. Tomada del blog Nuevos Ritmos Cubanos.