The New York Times y Cuba: de los reportajes de Matthews a los editoriales de Londoño


Por Armando de Armas Opinión/Martí Noticias

Andrew Rosenthal asegura “que lo que en últimas busca el diario es "influenciar a los legisladores estadounidenses a medida que continúan contemplando las políticas sobre Cuba".

Que el diario estadounidense The New York Times, probablemente el más importante del mundo, haya publicado cinco editoriales sobre Cuba en cinco semanas consecutivas, en sus ediciones de fin de semana, en inglés y en español, parece ser algo inédito en la historia del periodismo estadounidense, sobre todo teniendo en cuenta que la nación norteamericana tendría unos problemas de política exterior, mucho más calientes y acuciantes, como serían el ensangrentado avance del Estado Islámico y la entrada de más tropas rusas en el este separatista de Ucrania.



Pero no sólo sería algo inédito sino preocupante, puesto que en dichos editoriales el diario parece adoptar el punto de vista editorial del Granma, es decir, del Partido Comunista de Cuba del cual es su órgano oficial, pues en los mismos se pide a Estados Unidos que: ponga fin al embargo que mantiene contra el régimen desde octubre de 1960; retire a Cuba de la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo en el mundo; suspenda los supuestos "esfuerzos ocultos para derrocar el gobierno"; reinicie las relaciones diplomáticas con la nación caribeña; y un intercambio de presos que permita la liberación del subcontratista estadounidense de origen hebreo, Alan Gross a cambio de tres espías de la Red Avispa que fueron condenados en Estados Unidos.

Tan cercanos son los editoriales de The New York Times a los reclamos del  del Partido Comunista de Cuba que todos han sido mencionados, publicados o elogiados por la prensa oficial y oficiosa de la isla.

¿Por qué cinco editoriales?

El editor de las páginas editoriales de The New York Times, Andrew Rosenthal, le dijo al portal BBC Mundo que los cinco artículos del último mes corresponden con la postura histórica que ha tenido el diario sobre Cuba y el embargo.

Según Rosenthal, el diario busca "influenciar a los legisladores estadounidenses a medida que continúan contemplando las políticas sobre Cuba" y "fomentar reformas en la isla para empoderar a los cubanos comunes y corrientes y aumentar las libertades personales".

BBC recuerda que esta apuesta coincide con la llegada a las páginas editoriales de Ernesto Londoño, un periodista colombiano quien trabajó en The Washington Post.

"Desde su contratación en septiembre, el periódico no sólo empezó a publicar algunos de sus editoriales en español, sino que aumentó su énfasis en América Latina con editoriales sobre Colombia, Bolivia y Venezuela", exlica BBC.

Habría que agregar que, efectivamente, Rosenthal tiene razón en cuanto a lo de la postura histórica del diario estadounidense respecto a favorecer el levantamiento del embargo al régimen militar de la isla, pero más acertado que eso, sería decir que el periódico fue un factor determinante en promover la figura de Fidel Castro y en su advenimiento al poder en 1959.

Después del azaroso desembarco de la expedición del Granma, el 2 de diciembre de 1956, de la emboscada en Alegría de Pío y de la muerte de 17 subversivos en las jornadas siguientes, el Gobierno de Fulgencio Batista circuló por Cuba y el mundo la noticia de que el grupo armado había sido liquidado y muerto su cabecilla, el doctor Fidel Castro.

Herbert L. Matthews entrevista a Fidel Castro en la Sierra Maestra.
Herbert L. Matthews entrevista a Fidel Castro en la Sierra Maestra.
Pero esa noticia se desmoronó como castillo de naipes apenas dos meses y medio después, cuando el periodista norteamericano Herbert L. Matthews, reportero del periódico The New York Times, se entrevistó con Castro en la Sierra Maestra, el 17 de febrero de 1957 y el 24 de ese propio mes el influyente diario publicaba el primero de tres reportajes bajo el título: “Visita al rebelde cubano en su refugio”.

El reportaje de Herbert L. Matthews.
El reportaje de Herbert L. Matthews.
Ya de por si el título no podía ser más elogioso en el ámbito de los liberales estadounidenses y del romanticismo político en general, que suele primar no sólo entre las masas irredentas de este mundo sino entre los más irredentos académicos y hacedores de opinión de este mundo, al hablar de un rebelde que se refugia en lo más recóndito de una exótica isla a noventa millas, faltaba más, del imperio más poderoso de la historia.

La entrevista entre Matthews y Castro se desarrolló en la finca del campesino Epifanio Díaz, en la zona del Jíbaro, donde el cabecilla revolucionario expuso al reportero detalles de las escaramuzas combativas durante los días transcurridos desde la llegada del desembarco del Granma: “Ustedes serán los primeros en hablar de nosotros”.

Las notas y fotos tomadas por Matthews en la Sierra Maestra fueron sacadas de Cuba el día 19 de 1957, y el 24 de febrero se publicó el primero de los tres reportajes en el influyente diario estadounidense, dando a conocer a occidente que la revolución castrista estaba en marcha con su Robin Hood al frente, más bien, convenientemente escondido en su refugio.

En el artículo, Matthews escribió: “esta es la primera noticia confirmada de que Fidel Castro está todavía vivo y todavía en Cuba. Nadie fuera de la Sierra Maestra ha visto a Castro, con excepción de este reportero. Nadie en La Habana, ni aun en la embajada de los Estados Unidos, con todos sus recursos para obtener informaciones, conocerá hasta la publicación de este reportaje que Fidel Castro está realmente en las montañas orientales de Cuba”.

Pero si importante fue el título del reportaje y su contenido para la fabricación fidelista, más importante aún fueron las fotografías publicadas donde aparece en poses oscilando entre la imago del buen bandido, el héroe homérico y el apostador apolíneo.

Por otro parte, llama la atención que un reportero tan sagaz como Matthews se dejara engañar por un truco de poca monta como el empleado por Castro para hacerle creer que contaba con una numerosa tropa, al hacer desfilar repetidas veces delante del visitante a los mismos guerrilleros.

Y si el título del reportaje de Matthews parecía tendencioso y procastrista la verdad es que, en ese sentido, palidece al lado de los títulos de los cinco editoriales seguidos de The New York Times firmados por Ernesto Londoño. 

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