El dictador 'bueno'

La participación de Raúl Castro en la próxima Cumbre de las Américas sentará un pésimo precedente en las relaciones continentales.
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES  DDC

La anunciada participación de Raúl Castro en la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá en abril próximo, sentará un pésimo precedente en las relaciones interamericanas del aún joven siglo XXI.
Será fatal porque dejará consagrada la "doctrina Insulza", que sin haber sido aprobada formalmente de hecho está vigente en la Organización de Estados Americanos (OEA) y se basa en la concepción izquierdista de que hay dictadores malos y buenos, en dependencia de la bandera ideológica que abrace el caudillo en cuestión y de si éste logra o no perpetuarse en el  poder.
Según el actual Secretario General de esa entidad continental, el socialista chileno José Miguel Insulza, si un "hombre fuerte" es de izquierda y se mantiene en el poder contra viento y marea es un presidente con todas las de la ley que merece el respeto de su pueblo y de la comunidad  mundial, y al que se le concede además la gracia de transferir legitimidad a quien él se le antoje, cual monarca absoluto del siglo XVIII.

Este aporte a las ciencias políticas modernas lo enunció Insulza en Lima, Perú, el 13 de febrero de 2007, cuando dijo a los medios de comunicación: "Fidel Castro es un líder carismático que ha marcado medio siglo de la vida hemisférica... y esa personalidad ha terminado por imponer como legítimo dentro del hemisferio o dentro de América Latina un régimen como el que hoy día tiene Cuba".
O sea,  según el alto funcionario regional  ya no importa si un jefe de Estado ha sido electo en las urnas, o toma el poder por su cuenta a sangre y fuego. Si el autócrata se autoproclama de izquierda,  jura ser "defensor de los oprimidos", y se perpetúa en el poder, es un presidente tan auténtico como si hubiese sido electo democráticamente, ya que el tiempo y el carisma personal son "fuentes de legitimidad".
En virtud de esta singular doctrina interamericana, Fidel Castro ungió a su hermano Raúl como Jefe de Estado, sin consultarle al pueblo soberano. La OEA le dio su aprobación y ahora está cortejando al nuevo caudillo para que se integre al concierto de naciones democráticas del continente.
A  Insulza hay que preguntarle que si el tiempo prolongado en el poder "bendice" a un gobernante aunque nunca haya sido electo, por qué no fue legitimada nunca —ni agasajada— la dinastía de los Somoza en Nicaragua, que con 43 años (1936-1979) también marcó casi "medio siglo de la vida hemisférica". Tampoco lo fueron la dictadura de 35 años de Alfredo Stroessner (1954-1989) en Paraguay, o los 31 años del tirano Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana (1930-1961), o la dinastía de 29 de años de los Duvalier en Haití (1957-1986).
¿Y por qué Augusto Pinochet recibe el trato de ex dictador por parte de los políticos y los medios de comunicación, y Fidel Castro es el ex presidente de Cuba? ¿En qué proceso electoral fue elegido él, y luego su hermano menor?
Y a propósito de Pinochet, ¿puede creer alguien que Raúl Castro, o su candidato, obtendría en  un plebiscito en Cuba el 43% de los votos que logró el dictador chileno en el referéndum realizado en el país austral en 1988? ¿Podría obtener más de un 5%?
Razones ideológicas
Los Somoza, Trujillo, Batista, los Duvalier, Jorge Rafael Videla, Marcos Pérez Jiménez, Juan Carlos Onganía, José M. Velasco Ibarra, Humberto Castelo Branco, Juan María Bordaberry,  Alfredo Ovando, Juan Vicente Gómez, Porfirio Díaz, Carlos Castillo Armas, Gustavo Rojas Pinilla, o Leopoldo Galtieri figuran históricamente como lo que fueron, dictadores. ¿Por qué no los Castro?
Está  claro que son razones ideológicas y políticas la que explican ese trato diferente y privilegiado a los dos autócratas cubanos que propugna la OEA y que hasta el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de hecho ha aceptado.
La "doctrina Insulza" obviamente no surgió de la nada. Tiene sus antecedentes. Por ejemplo, el sandinista Daniel Ortega, una vez derrocado Somoza en julio de 1979, se mantuvo en el poder por la fuerza hasta 1990, con apoyo soviético y cubano. En sus 11 años de régimen militar, Ortega nunca fue tratado por la OEA como un dictador.
En Panamá, en 1968 el coronel nacionalista Omar Torrijos dio un golpe de estado junto con otros militares que derrocó al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid. Torrijos disolvió los partidos políticos, se autoascendió a general, asumió poderes absolutos con el título de "Líder Máximo de la Revolución", y se mantuvo en el poder hasta su muerte en un accidente de aviación en 1981. Jamás fue considerado dictador en esos 13 años.
Tampoco fue calificado de dictador el general Juan Velasco Alvarado, quien en 1968 encabezó en Perú un golpe militar contra el presidente Fernando Belaunde, democráticamente elegido, e instaló una dictadura militar nacionalista de izquierda que gobernó hasta 1975.
Ni Insulza ni la OEA como institución tampoco han hecho nada ante la demolición de la democracia y la violación de los derechos humanos en Venezuela, por parte de la mafia chavista que encabeza Nicolás Maduro, que con la reciente detención del alcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, acaba de mostrar claramente sus credenciales como dictadura militar de izquierda.
La figura del dictador fue creada en la antigua república de Roma, hace 2.500 años, cuando en situaciones de extrema gravedad los cónsules, por orden del Senado, nombraban a un "dictator" que asumía todos los poderes por seis meses, hasta el restablecimiento de la normalidad. En el siglo XIX, al surgir las democracias modernas, el término "dictador" volvió a la palestra para designar a todo jefe de gobierno que ejerce el poder manu militari de forma absoluta, haciendo trizas el principio enunciado por el barón de Montesquieu  (siglo XVIII) de la independencia de los poderes públicos. Eso es exactamente lo que hace Raúl Castro.
El falso "encanto" castrista
Aunque la próxima Cumbre de las Américas exprese lo contrario, lo cierto es que la dicotomía entre dictadores buenos y dictadores malos es una aberración ideológica y puro populismo caudillista, ese azote que tanto daño ha causado en Latinoamérica.
No hay líderes mesiánicos por derecho divino con la misión histórica de guiar a sus pueblos, como alegan los líderes populistas. Hoy las naciones ya no necesitan héroes o "iluminados", sino instituciones sólidas que permitan el  ejercicio pleno de la voluntad popular de elegir libremente a sus gobernantes y que éstos sean servidores del pueblo, y no al revés.
Además, ninguno de los mandatarios que asistirá a la Cumbre de las Américas en Panamá desea para su país un régimen totalitario como el castrista. En eso consiste la hipocresía del  "encanto" que ejercen los hermanos Castro, luego de haber convertido en ruinas, y en cárcel gigante, a la otrora próspera Cuba.
En fin, no hay dictadores buenos y malos, sino solo dictadores, y punto. Quien gobierna por la fuerza y no se somete al escrutinio popular, sea de derecha o de izquierda, no se diferencia mucho de Iván el Terrible, o de Calígula.