Edwards y los dictadores

Los dictadores, aseguró Jorge Edwards en 2007, “no pasan de moda”, una afirmación que mantiene plena vigencia/Cuba Encuentro

En la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en marzo de 2007, la organización le pidió al escritor chileno Jorge Edwards una conferencia sobre Fidel Castro y Augusto Pinochet. El autor de Persona Non Grata y Adiós Poeta supo que estaba ante una tarea nada fácil: “Si uno dice algo malo de Castro es condenado” por mucha gente, y “si uno dice algo bueno de Pinochet, también es condenado”, con lo cual “esto es una misión completamente imposible”.
Los dictadores, aseguró, “no pasan de moda” y “es algo actual, es un temor real”, pero “no todos los dictadores son iguales, tienen propósitos contradictorios, pero puntos en común; son parecidos en sus métodos, aunque no lo sean en sus fines”.
Y entre sus coincidencias destacan dos: “sus políticas son de confrontación con un enemigo, si no es real se lo inventan, y jamás son políticas de consenso. Por otra parte organizan muy bien los sistemas de seguridad del Estado, la policía política y la represión”, dijo el autor de El inútil de la familia.
Edwards resaltó otra coincidencia: “Toda dictadura desconfía profundamente del intelectual y establece la censura”, pese a que de puertas afuera se esfuerce por aparentar lo contrario, y los ejemplos son tan claros en cualquiera de ellas, que a su juicio no merece la pena enumerarlos.

El escritor se refería a la práctica de acallar las voces que no se plegaban a sus normas, gustos o dictados, reprimirlas si persisten y encarcelarlas si continúan, como se ha comprobado y “todavía se comprueba” en muchos casos.
El autor chileno, suave en el modo, firme en sus convicciones, definió de forma negativa a “estos dos personajes tan opuestos” como “pseudointelectuales”.
En la biblioteca que vio de Fidel “solo había libros de información científica, de peces, de volcanes… y de viajes, nada de literatura”, aseguró, mientras que en la de Pinochet “solo había libros de historia militar y relacionados con ella”.
“Pinochet escribió un grueso volumen sobre la guerra del Pacífico en el siglo XIX y mucha gente decía que no lo había podido escribir él, pero con el sueldo que tenía —ironizó Edwards— el coronel (Pinochet) no tenía quien le escribiera” ese libro.
Mientras que el cubano es “mesiánico”, el chileno era “completamente gris”; “Fidel, como seguidor directo de José Martí, a quien llama último momento”, según Edwards.
“La represión brutal (de Pinochet) fue producto de su notable debilidad psicológica, que considera siempre que su enemigo era muy fuerte”, explicó el escritor, para quien Fidel es un “aventurero y un guerrillero, pero no un militar y sus gestas (militares) son mediocres”.
Cuando, como enviado de Allende, Edwards se presentó a Fidel, éste le dijo: “Si tienen problemas de invasión con Estados Unidos pídanme ayuda a mí, que seremos malos para producir, pero buenos para pelear”, contó.
La paradoja de Pinochet es que posiblemente lo que hizo bien, él o su gobierno, la economía, fue lo que le tumbó: “Pinochet hizo lo contrario de Allende en economía y, cuando las cosas iban en ese terreno, el pueblo decidió que ya no era necesario”.
“En realidad son personajes que necesitan y viven de un enemigo, en el caso de Fidel está claro (Estados Unidos) y además es contagioso”, afirmó el escritor que citó a Evo Morales, a Hugo Chávez [entonces aún vivo], y a Rafael Correa, y el de Pinochet —el comunismo— fue el que ayudó a provocar su final con su desaparición.
En Chile, según el autor, se aprendió de Allende y de Pinochet para hacer lo contrario, apuntó Edwards: “Sensatez ante los problemas económicos y a ser muy cuidadoso ante los derechos humanos”.
Quizás el peor error de Pinochet, “que fue muy brutal”, concluyó el escritor, fue “llevar el crimen político fuera de las fronteras de Chile”.