Siete mentiras sobre la muerte de Martí

José Martí fue la única baja mortal entre los mambises en la escaramuza de Dos Ríos/ Cuba Encuentro
Arnaldo M. Fernández, Broward | 19/05/2015 11:04 am


Tal como sucede con muchos asuntos de progenie cubiche, la caída en combate de José Martí suele discutirse sin saber qué pasó. Fue la única baja mortal entre los mambises en la escaramuza de Dos Ríos, porque el General en Jefe, Máximo Gómez, dio la orden imprudente de cruzar el río Contramaestre para atacar sin explorar las posiciones del enemigo. Los hechos se han distorsionado por entre 120 años de versiones falaces o imprecisas, por ignorancia o conveniencia, entre ellas:
  1. Buscó él mismo la muerte (José Miró Argenter, Crónicas de la Guerra, 1909). Martí buscaba constituir la República en Armas y no iba a suicidarse antes de lograrlo. La víspera de la tragedia escribió a Manuel Mercado: “Seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas”.
  2. Si la envidia de los roedores del genio no lo hubiese llevado a inmolarse prematuramente en Dos Ríos, él habría estado al lado de Diego Vicente Tejera en 1899, cuando fundó el Partido Socialista (Julio Antonio Mella, Glosas al pensamiento de José Martí, 1927). Martí nunca se dejó arrastrar por envidiosos. Incluso salió airoso en sus polémicas con Enrique Collazo, quien lo acusó de ser “guapo después de que ha pasado el peligro”, y con el propio Gómez, quien no quería llevarlo en su expedición a Cuba. Lo demás es pura tontería. En el Partido Revolucionario Cubano, Martí prefirió al pro yanqui Tomás Estrada Palma antes que a Tejera.
  3. Martí cargó en Dos Ríos como lo habían hecho todos y cada uno de los jefes de nuestras guerras independentistas (Jorge Ibarra, José Martí, dirigente político e ideólogo revolucionario, 1980). Martí cargó como no lo había hecho ni haría ningún jefe: en la condición equívoca de Mayor General —nombrado de dedo por Gómez— sin tropa bajo su mando y sin otro jefe que el jefe de todos, el propio Gómez, quien reconoció que, al “marchar adelante para arrastrar a la gente, no pude ocuparme más de Martí”.
  4. El mulato cubano Antonio Oliva fue quien último vio a Martí vivo y descargó su revólver de percusión (que fue de enorme repercusión) sobre la cabeza del poeta herido (Guillermo Cabrera Infante, El nacimiento de una noción, 1991). Esta versión aparece con rifle en la película Páginas del diario de José Martí (1971), de José Massip, pero proviene ya solo del cabo español Juan Trujillo (La Discusión, mayo 23 de 1899), en contra de los testimonios del propio Oliva y del capitán Fernando Iglesias (La Discusión, enero 30 de 1899), jefe de la compañía española frente a la cual cayó Martí.
  5. Martí avanzó quizás con la idea de que su ejemplo podía arrastrar a la tropa (Rolando Rodríguez, Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente, 2001). Esa idea no pudo siquiera pasarle por la mente, ya que Martí no tenía tropa que arrastrar. Gómez anotó clarito que “se encontraba solo” y nadie da ejemplo en solitario.
  6. Against the advice of General Máximo Gómez (…) Martí mounted his horse and rushed in to do battle(Roberto González Echevarría, José Martí. Selected Writings, Penguin Books, 2002). No hubo tal consejo previo al combate. El propio Gómez anotó: “Cuando ya íbamos a enfrentarnos con el enemigo, le ordené que se quedase detrás”. Esa orden se dio después que Martí montara su caballo y galopara, junto con los demás mambises, unas cuatro leguas [tres millas y pico] por la orilla occidental del Contramaestre, para enseguida cruzarlo y atacar a los españoles acampados en Dos Ríos.
  7. Gómez, con cierta autoridad de militar, le dice a Martí (…) que se quede allí con un ayudante, que se llamaba La Guardia. Martí no se queda, va al combate y muere. Esto lo cuenta La Guardia (Fidel Castro, Biografía a dos voces, 2006). Ni lo cuenta La Guardia ni Gómez dijo eso, como queda demostrado en su nota precitada. Ángel de la Guardia narró a su esposa, Concepción Rosales, tal y como expuso de oídas el hijo de ambos, que “al desviar una hondonada los caballos, Martí y Ángel se separaron del grupo [y] presentarían sin saberlo un blanco magnífico a los españoles” (Anuario Martiano 2, 1970, pp. 419 ss.). No hubo desobediencia, sino extravío.
La formación de combate se rompió en galopar desordenado tras vadearse el río y Martí, acompañado solo por el subteniente Ángel de la Guardia, se extravió y fue a parar tan lejos que parecía uno de los exploradores que Gómez nunca mandó. Así lo acredita no solo el relato de oídas de Ángel, sino también el testimonio por escrito de su hermano Dominador de la Guardia, quien participó en el combate de Dos Ríos y dio cuenta al Dr. Eligio Palma por carta que, sin intención alguna de publicar, fechó en Niquero el 11 de marzo de 1916 y Enrique Ubieta incluiría en Efemérides de la revolución cubana (La Moderna Poesía, 1920, T. IV, pp. 290 ss).