Zoé Valdés, realista, no vulgar. Para la señora Plumaje

Para conocer a un pueblo se le ha de estudiar en todos sus aspectos y expresiones. En sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos. José Martí 

Por Maura Barrabí

Esto que voy a escribir aquí no es ni adulación, ni defensa, ni nada de lo que cualquiera pudiera imaginar. No conozco personalmente a la escritora en cuestión, pero me he leído todas sus obras. Al grano, la gente le da a la lengua y le da y le da por ahí y por allá sin haber antes intentando ponerse en los zapatos de quien agreden. Puede que yo, que critico miles de cosas, critique equivocadamente a algunos, es totalmente posible, pero, al menos, siempre busco, indago antes de hacerme una opinión, y bueno, ay sale, buena o mala, pero siempre intentando ponerme en lugar del otro ( ¿qué hubiese hecho yo en tal caso?). 

Hoy me dijo una mujer con un tono despiadado, sí, despiadado, al grado de sonar amenazante a mis oídos, como un odio, que leer a Zoé Valdés era lo mismo que meterse el dedo para vomitar. La conversación surgió porque tengo una tía que vive en Europa, está en Miami, ella a visto a Zoé en persona y hasta han participado juntas en protestas aunque no existe un lazo de amistad.

Mi tía me comentó sobre el nuevo libro de Zoé, aún no lo leo, pero ella lo quiere leer tambien y andaba de nuevo en los estanquillos de "Barners en Noble" a ver si lo obtenía hoy mismo ya que ella se va el martes, y se lo quiero regalar. Nada, ella lo obtendrá allá, y yo decidí regalarle a cambio "La Nada Cotidiana". 


Volviendo al tema, la señora con infulas de literaria, y, buscando entre libros, no sé que, intentó hacerme sentir como una vulgar. Pero como a mí no me pisotea nadie, porque no me da la gana, primero muerta que ripi'a, sí Señora, ripi'a, así es que hablamos los cubanos cuando no llevamos la pamela, por si acaso se decidió y entró en mi blog, le pregunté ¿cuantos libros de Zoé se había leído y por qué tanta repulsión? No me dió ni un solo titulo, ni un pasaje, nada, lo de ella era repetir como cotorra la basura que hablan otros.

En cambio, le dije que hay que ser muy cojonuda para siendo mujer escribir clarito y sin miedo a la critica de quienes solo se enfocan en una mala palabra o una descripción de sexo a raja tabla lo que escribe ella. Y que en mi caso, reconocía que el primer libro que me leí de Zoé  "Te dí mi vida entera" de principio me removió esos tabúes que nos engendran, por su principio desgarrador y relatado por las claras, sin embargo, seguí leyendo, y lo que encontré fue la verdad de muchos seres humanos que aún están presos en esa Isla de Cuba por una banda despiadada acatando ordenes de los castros, los culpables de tanta miseria humana y del hambre que padecen hace más de medio siglo. Hambre de todo lo habido y por haber.
Luego, cuando llegué a leer "La nada cotidiana", hubo un pasaje que nunca olvidaré, a la señora Plumaje, se me antoja llamarla así, se lo relaté a la medida de mi memoria, aquí lo voy a copiar del libro tal cual. No sé si es un pasaje de su vida real, o de otra persona o sencillamente la musa, pero he escuchado cosas muy similares de algunos protagonistas de la vida real, pero como ese que ella relata, tomando en cuenta lo que escribió antes de esos párrafos y lo que sigue, nunca, y no sé que hubiera hecho yo en ese caso, no sé si hubiera asimilado tales circunstancias como está que ni siquiera me atrevería a escribir porque me aprietan el pecho, aunque sé que esa es la realidad de muchos en mi pais y peor...... 

"-Oye, tenemos que casarnos, hoy mismo, ya lo arreglé todo, hace falta que
nos casemos... Necesito una mujer, digo, una «compañera»... Me dan un puesto
importante en un país lejano, en Europa, y tengo que ir casado.
 Me empujó dentro del auto. El auto rodó y rodó y mi cabeza con él. Llegamos
al Palacio de los Matrimonios, allí nos esperaban el fotógrafo y dos testigos
que el propio fotógrafo había salido a buscar a la calle. Dos viejos cagurrientos y
borrachines del bar de la Sociedad Árabe en Prado. La abogada fue a leer el có-
digo de la familia, pero el Traidor sacó de su bolsillo cien pesos. Ella cerró el libro
en el acto y preguntó sintética:
 -¿Se aceptan ustedes mutuamente por esposos?
 -Sí -dijo él.
 Yo no contestaba. Pasaron dos, tres, cuatro, cinco minutos, nada. Un nudo
angustioso inmovilizaba mi garganta. Tenía los ojos aguados, un miedo con ganas
de vomitar, de cagarme. Mi mamá no estaba allí. Mi padre se suicidaría automáticamente
después de la noticia, de seguro, aunque el Partido desaprueba el suicidio,
no admite suicidas en sus filas. Y yo... mosquita muerta, gatica de maríaramo, 
casándome sin ceremonia, sin invitaciones, aprovechándome de la bondad del
Traidor que me quería llevar de viaje... El Traidor me pellizcó el cachete.
 -¿Qué pasa? ¿Por qué no contestas? Tan embulladita que estabas.
 La notaria dudó, y a pesar de los cien pesos, me pidió el carnet de identidad
nuevamente. Comprobó que soy mayor de edad. Cumplidos los diecinueve. Y yo
queriendo contarle a esa señora extraña «mire, compañera abogada, yo lo conocí
menor, pero ya pasaron tres años de encierro, y soy mayorcita y sé lo que hago. Y
lo que hago es lo que él ordene, porque él es un hombre de mundo y sabe lo que
hace, y siempre le ha salido bien. Él va por el camino correcto y yo detrás. Para
eso soy su novia, o amante, o secretaria, o criada -no, perdón, la compañera que
trabaja en la casa, las criadas no existen desde que la Revolución triunfó- o...»
 -Sí, lo acepto por esposo.
 O su mujer. Casada por el Palacio. Sin traje, sin brindis. Pero con fotos. Sin
mamá, sin papá. Pero con fotos. Despeinada, sudada, vestida a-lo-comoquiera. Lo
importante es el papel, el certificado de matrimonio donde consta que el escritor
futuro diplomático posee una mujer, digo, una «compañera». Y las fotos que son
la prueba más evidente de nuestro feliz y auténtico casamiento. Yo con una cara
víctima de filme de terror que no la brinca un chivo. Como Mía Farrow en aquella
película donde ella es una ciega y matan a toda la familia de la casa y ella se queda
solita dentro, trancada con el asesino."

En los libros de Zoé uno choca con la realidad, con la vida en sus oscuros momentos y tambien las alegrías. Me identifico con ella porque no soporto escaparme de la realidad que me rodea por medio de la lectura de una novelita de "Bianca" llena de templetas imbeciles que solo practican los tipos energúmenos que no saben ni que es el punto J. Me gustan los momentos románticos que se dan solos, pero no resisto a los hombres cursis que escriben en servilletas poemitas de esos que yo llamo "El machetazo" como esa canción...quiero beber agua de tu cañaveral y no se que mierda más. 

Y sepa la señora que a los "disidentes les dan medallitas" para justificar el dinero que envían a los castros y pandilla, pero a Zoé, el dinero le entra por su puño y letra, sus premios, y directo a su cuenta personal, que por cierto, bien bondadosa que ha sido con la "oposición", esa nadie se la contó a la señora "intelectual" de oído, no porque lee, ni ocho cuarto.

Sobre Daína Chaviano a quien ella subió a los altares ( que mete sus pingas tambien pero ya vi que ella no lo sabe), nada tengo en su contra, incluso me leí "La hembra, El Hombre y El hambre", espectacular, sin embargo "Casa de juegos" me mató, no le encontré ni pie ni pisada, y pase del medio al final porque el resto que me faltó me era predecible, y eso no me gusta. No significa que sea Daina mala escritora, pero, lo siento, digo lo que pienso. 


Sobre Pedro Juan Gutiérrez, otro nombre que ella soltó, no sé si realmente lo ha leído, yo solo un libro y no lo termine "El Rey de la Habana", se lo regalo; y sepa usted señora Plumaje que para hablar de Cuba, la Cuba de Castro no hay forma de expresar la realidad con violetas, perfumes y casonas con cuartos decorados en tonos celestes, sabanas blancas etc, porque allí, eso no existe para la gente de a pie, allí lo que abunda es eso que a usted entre tantas otras cosas le parece vulgar: el grajo, la peste a culo por falta de jabon, etc.  Pero, como para todo hay gustos, y sepa que tambien tengo esos gustos exquisitos suyos, lea entonces "Lo que el viento se llevo", "La Dama de Rojo", no sé, novelas para soñar hay muchas, para conocer a un pueblo como decía Martí, se le ha de estudiar en todos sus aspectos y expresiones. En sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos.

Buena suerte, y respecto a que las personas soberbias como yo siempre suelen quedarse solas, le digo que, ni estoy ni creo llegar a estar sola, porque siempre estará a falta de humanos Dios, que de tanto rezarle: aparta señor de mi todo mal... Me saca de encima a los que no me aportan nada bueno ni humano.