Lamentable final de Julio Iglesias



La radioyente en cuestión señaló al cantante Julio Iglesias –uno de sus favoritos- que estaba prohibido en Cuba, y que había sido así considerado como una especie de “persona non grata” con el menosprecio oficial/ Diario Las Americas

En días recientes, en un programa de la radio local en Miami, una oyente con dolor y con rabia, comentó que cuando ella estaba en Cuba, en los años de más represión cultural, que siempre ha establecido la dictadura castrocomunista, para escuchar a los cantantes en moda mundialmente, los cubanos tenían que hacerlo  a ocultas, poniendo el radio a bajo volumen para eludir la vigilancia y represión del Comité de Defensa de la revolución (organismo cuasi policial) constituido en cada cuadra del barrio.
La radioyente en cuestión señaló al cantante Julio Iglesias –uno de sus favoritos- que estaba prohibido en Cuba, y que había sido así considerado como una especie de “persona non grata” con el menosprecio oficial. Con este estigma Julio Iglesias no podía existir en Cuba, donde era uno de sus ídolos populares, diríamos que en “voz baja”, y que siguió siéndolo, ya libremente, en los cubanos que, como la citada radioyente, cuando vino al exilio, exilio al que tanto le debe Julio Iglesias, por la acogida artística y personal que ese exilio le ha ofrecido.

Era lógica la indignación de la radioyente ante la noticia de que Julio Iglesias, haciendo uso de la especie de “limosna”  artístico-personal, que concedía ahora la dictadura altanera y “perdona vida”,  anunció ante la prensa internacional su intención de ir a Cuba.
Pero aún más indignante es que el señor Julio Iglesias lanzara una ofensa, inmerecida y traidora, contra quienes fueron sus especiales oyentes y admiradores, aún con riesgo dentro de Cuba y que luego, en la comunidad del exilio, compraron sus discos quizás como en ninguna comunidad de la Florida.  Eso, en verdad, nos duele
La noticia de este caso, recogida en la prensa internacional, fue más o menos en estos términos:  que ante el viaje anunciado a la Isla, un periodista le preguntó que por qué iba ahora y no había ido antes, y el cantante respondió sarcásticamente que porque no había querido que le fueran a poner una bomba en el jardín de su casa.  De modo que así es como responde a la preferencia y acogida que, como antes dijimos, le dispensó tanto  la oposición dentro de Cuba como en la emigración.
No, señor Iglesias, Ud. no fue antes porque no invitaron oficialmente, porque no era grato al gobierno dictatorial, del que bien sabía qué precio habría que pagar por dicho convite, ante las circunstancias que describió la radioyente citada.
Además, si antes temió que le pusieran una bomba  ¿qué le garantizaba que no se la iban a poner ahora?  El terrorismo no está en  la comunidad cubana exiliada, sino en el gobierno castrocomunista que tantos ejemplos de terrorismo de Estado tiene en su sanguinario expediente.  Desde el hundimiento criminal del remolcador “13 de Marzo”; el asesinato en el aire de los cuatro jóvenes que iban en las avionetas Hermanos al Rescate, hasta el homicidio en la carretera de los opositores pacíficos Osvaldo Payá y Harold Cepero.
A esos asesinos oficiales son a los que Ud. va a tenderles ahora, sin pudor, su mano fraterna, y con ella y sus manifestaciones contra el exilio, le presta un servicio al régimen dictatorial, en el malvado intento de desprestigiar internacionalmente al último bastión exterior  frente al gobierno castrocomujnista, que es el exilio, que tanto lo ha acogido a Ud.
Podía Ud. hacer ese viaje, en el uso de su libertad personal de opinión y  de conciencia, sin más comentarios (como otros han hecho), y no confabulándose con la espuria campaña política de esa dictadura, con lo que abre un camino para la suspicacia ahora,  ya en el final  de su larga carrera como cantautor.