Raúl Castro se quiere “conceptualizar”


Una nueva teoría del comunismo cubano debería justificar todos los fracasos acumulados/CubaNet


LA HABANA, Cuba – Raúl Castro se quiere conceptualizar, parodiando un añejo trabalenguas que dice: “aquel que lo conceptualice, buen conceptualizador será”. Traigo esto a colación porque en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, al referirse a las principales tareas que se analizarán en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), a celebrarse en abril 2016, mencionó un documento que calificó de estratégico, denominado “Conceptualización teórica del socialismo en Cuba
Esa información ha pasado sin comentarios, tal vez porque todos estén en espera del contenido, que debe estar colmado de erudición, al tratarse de una teoría que –se supone– explique las bases del régimen imperante; y sobre todo porque esa nueva armazón ideológica parece estar destinada a desechar –como tal– al Marxismo-Leninismo, que había sido declarado como la guía del socialismo tropical. Posiblemente, en lo adelante, en lugar de entonar la letra de “La Internacional” en el final de los actos públicos, los asistentes tengan que cantar “Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar”.
Al parecer, la dirigencia está convencida que los principales conceptos marxistas ya no responden a la práctica de los últimos 56 años en Cuba. Como la llamada Ley Fundamental del Socialismo, que establecía la satisfacción más completa de las necesidades crecientes de la población; así como otras leyes derivadas de la anterior, referidas a la industrialización socialista, la elevación constante de la productividad del trabajo, el desarrollo armónico y proporcional y el paso gradual al comunismo, que sería la formación social donde –según Carlos Marx– correría a chorros llenos el manantial de la riqueza colectiva.
Una nueva teoría, debería justificar todos los fracasos acumulados en más de medio siglo; donde en lugar de la satisfacción de las necesidades ha ocurrido, por el contrario, la disminución permanente del nivel de vida, con un salario promedio mísero de 23 dólares al mes y soportando el deterioro constante del transporte, la vivienda y la alimentación, que carga con el racionamiento más prolongado de la historia. Explicaría también la razón de los permanentes saldos deficitarios del comercio exterior, la gigantesca deuda externa que se ha acumulado, la destrucción de la agricultura y en particular la decadencia de la industria azucarera, entre los infortunios más relevantes.
Por mucho tiempo se dijo en Cuba que “sin azúcar no hay país”, y este axioma se convirtió en el fracaso de la producción azucarera, de una forma tan significativa que los 10 millones de toneladas que se pretendían lograr en 1970 y que se anunciaron a bombos y platillos –desde varios años antes– no solo se incumplieron en ese momento, sino que nunca se alcanzaron después. Ahora, transcurrido casi medio siglo, una nueva aspiración, bastante modesta –pero igual de improbable– es llegar 3 millones de toneladas en 2018.
Ese futuro documento sobre la conceptualización, tendría que explicar cómo encaja en el sistema: la conversión de La Habana, de la ciudad más fastuosa del Caribe, en una gigantesca, decadente y derruida aldea; el éxodo de casi un 20% de la población, que se incrementa año por año; el envío al exterior para combatir y morir a cientos de miles de jóvenes en guerras en África y para promocionar las guerrillas en América Latina.
Deberá también fundamentar que una llamada “revolución”, que se proclamó para servir al pueblo, se ha convertido en lo contrario, ya que la inmensa mayoría vive por debajo del umbral de la pobreza, con una alta proporción dedicada a un trapicheo ilegal y cientos de miles de ellos encarcelados, de los cuales el gobierno se abstiene de dar cifras. Sería justo que explicara la utilización preferencial, de los escasos materiales de construcción, en fortificaciones (túneles) y penitenciarías, en lugar de viviendas.
Tendría que informarse la causa de la eliminación de la carne de res y la leche como parte de la alimentación de la mayoría del pueblo; la evaporación del café como renglón exportable y como necesidad su creciente importación; y la total desaparición del consumo popular de pescado en una isla.
Una parte del documento seguro se utilizaría para definir la concordancia de esa teoría con el daño ecológico causado en 56 años, en aspectos como el drenaje de la laguna Ariguanabo, la mayor del país, lo que hizo desaparecer para siempre ese reservorio de aves migratorias; la creación de la “brigada invasora” de desmonte Che Guevara, que derribó árboles frutales y otras especies valiosas a todo lo largo del país; la introducción masiva de casuarinas en las playas que causaron su deterioro; la construcción de pedraplenes que, al cortar las corrientes marinas, causaron daños a los manglares y al hábitat de peces y otros animales; la introducción de especies exóticas animales y vegetales, como las voraces clarias, los agresivos búfalos y los eucaliptos que empobrecen los suelos.
Esa nueva teoría tendría que dedicarse a justificar éstos y otros muchos males en el orden económico, ecológico y social, que no formaban parte declarada de la concepción marxista; pero desde luego podría desentenderse de los aspectos referidos a los derechos humanos, las elecciones libres y democráticas, la libertad de expresión, asociación, reunión y palabra, que no forman parte de las concepciones de los fundadores del llamado socialismo científico.
Ingrata tarea la encomendada al personal que debe elaborar el documento, que no solo tendría que darle coherencia a la infinidad de desaciertos acumulados, que muy posible los achaquen –como siempre– al “bloqueo”. Ahora bien, lo más importante y también la parte más difícil sería definir el rumbo futuro de este engendro y a dónde conducirá.
Pero podría ser que, acaso enmendando a Carlos Marx, vayan a crear el concepto de un comunismo, donde correrá a chorros llenos el manantial de la miseria colectiva.
(Arnaldo Ramos Lauzurique)