Debate no, rugido

Por Zoé Vladés/Libertad Digital
Qué lejos estamos de aquellos debates protagonizados por François Mitterrand y Jacques Chirac, donde todo era altura, respeto, ideas, e incluso humor. El debate presenciado por Mariano Rajoy y Pedro Sánchez distó mucho de aquellos enfrentamientos verdaderamente políticos.
Rugido, rebuzno, por parte de Pedro Sánchez, desconcierto, poca preparación, ninguna altura intelectual del lado del presidente del gobierno, quien dijo sentirse herido en lo más profundo de su intimidad. Pero es que él no está ahí para sentirse herido, sino para evitar que lo hieran. Se trata de un duelo cuyas armas son las palabras, las ideas.
No hubo una sola idea que valiera la pena en ese enfrentamiento. Mucho disgusto sí que hubo, estocadas bajas. Demasiada bajeza, sobre todo por parte de Pedro Sánchez.

¿Quién ganó el debate? ¿Qué debate? Ahí no hubo debate alguno. No ganó más que la chabacanería y el desparpajo. A coz limpia, a improperio desbordante, contante y sobrante.
No vi el espectáculo de ring de boxeo en directo, esperé a verlo retrasmitido por internet. Lo he visto dos veces. Lo peor fue cuando Sánchez le espetó a Rajoy que él no era decente: "Usted no es decente", dijo. Pero más indecente se comportó él acorralando de manera aburrida a su rival.
La clase política está en pleno descalabro, si seguimos así no quedará títere con cabeza. No habrá a quién respetar y no bastará el buen sentido ciudadano para querer salvar los papeles de quienes los han perdido hace muchísimo rato.
Con estos personajillos de poca monta qué país podría ser arreglado. Con estos payasos, con perdón de los payasos, qué ciudadano podrá mantener su confianza. No hay nada más cochino que interpretar el papel del poderoso. Y de eso trató el debate, de demostrar quien tenía más poder. Nada, una verdadera puercada.