Los hipercríticos de la oposición cubana


Buenos días, el señor Luis Cino no se tentó esta ves en hacer fuertes criticas a los analistas politicos de la problemática cubana al declarar lo siguiente entre muchas otras cosas "Entre los que no escatiman las mofas y los dardos envenenados en sus análisis, se destaca Arnaldo M. Fernández". Y yo le pregunto a Luis Cino: ¿A caso estamos equivocados como de cierta manera usted mismo reconoce? ¿Me puedes explicar cuales beneficios hemos obtenido de esta nueva oposición? ¿Podríamos comparar a Berta Soler con Laura Pollán o a un Fariña con huelgas asistidas con Orlando Zapata Tamayo? Solo dos o tres preguntas, porque en realidad existen miles. No hemos conseguido por parte de esta oposición nueva, más allá de consolidar un cambio fraude, y de paso darle muchas visas a todo aquel que venga a quejarse superficialmente de la dictadura castrista, pero nunca decir en publico, aquí, en tierra de libertad USA, abajo la tiranía o queremos la salida inmediata de los castros. ¿Podría usted contestarme al menos una pregunta? Lo dudo, pero, la esperanza es lo último que se pierde. Lo que sí reconozco es que la nueva oposición viajera es muy diligente a la hora de llenar el gusano con pacotilla antes de regresar a la Isla. MB
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Se ensañan con la parte de la disidencia que participa en reuniones en otros países y redacta documentos
 |  /Cuba Net


LA HABANA, Cuba.- Algunos analistas de los asuntos cubanos radicados en el exterior cada vez son más escépticos y críticos con la disidencia, ninguna de cuyas acciones –o falta de ellas- les parece apropiada.

Entre los que no escatiman las mofas y los dardos envenenados en sus análisis, se destaca Arnaldo M. Fernández, un mordaz señor que vive en Broward y escribe inmisericorde en Cubaencuentro. A él y otros cubanólogos hípercríticos  parece disgustarles que aun respire la oposición prodemocrática –la de verdad, quiero decir, no los sucedáneos de ella-,  que no ha logrado ser borrada del mapa  a pesar de sus desavenencias, sus errores y su evidente descolocación en el escenario actual.
Hay que admitir que resulta difícil rebatir a estos  hipercriticistas, porque básicamente, tienen razón en mucho de lo que dicen.
No podemos negar que la oposición parece anquilosada, aquejada por una artritis tan paralizante o aún mayor que la del régimen, que parece estar más advertido que la oposición de los riesgos que corre, y por eso es tan cuidadoso en sus movidas de un paso atrás y medio paso hacia delante.
Los hipercríticos se ensañan con la parte de la disidencia –o lo que últimamente se presenta como tal- que participa en reuniones en otros países y redacta documentos cuyo impacto real no rebasa los límites mediáticos, todos similares, donde el principal acuerdo –que no se logra- es que hay que ponerse de acuerdo.
También critican a los que han creado agendas, foros y mesas de unidad que, en vez de complementarse y establecer concertaciones, lo que hacen es pugnar por convertirse en  parlamentos de la sociedad civil y no lo consiguen, sino que se dividen y subdividen. Y se culpa de ello al personalismo, la falta de autorregulaciones democráticas, etc. Y también a  los cizañeros enviados por  la Seguridad del Estado, que  han resultado ser más numerosos, eficientes y ubicuos  de lo que sospechábamos (¿también entre los cubanólogos?).
Los más atacados por los hípercríticos son las Damas de Blanco, los activistas de #TodosMarchamos y los opositores con discurso de barricada, cuyo martirologio a manos de los represores asusta tanto a la población que no quiere ni enterarse de lo que les ocurre. Y menos quiere darse por enterado un mundo que no se preocupa de otra cosa que no sea el dinero y los negocios.
Los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea parecen decididos a ponerle la luz verde al capitalismo de estado militarizado, timbirichero y sin libertades políticas del régimen de Raúl Castro. Y esa actitud norteamericana y europea está teniendo consecuencias muy negativas. No solo porque permite el reacomodamiento del castrismo, sino también porque agravia, despecha y empecina a los opositores.
Últimamente, en contraste con la empalagosa babosería pro-norteamericana masiva que hay en Cuba luego del 17D, ciertos opositores, de tan adversos al ‘engagement’ de Obama, se muestran casi tan soberbia y empecinadamente anti-yanquis como Fidel Castro en sus buenos tiempos, cuando se enfrascó en aquel demencial enfrentamiento que anunciara en memorable carta escrita a Celia Sánchez en la Sierra Maestra, en junio de 1958.
Tanta intransigencia y tozudez distancia de los intereses de la mayoría de la población  al sector más radical de la oposición. Los pone casi a la par del sector más ortodoxamente inmovilista y retranquero del régimen. Ambos bandos, distantes de la realidad y en minoría,  se comportan cual si estuviesen en un campo de batalla. Y eso, a no muy largo plazo, resultará desastroso.
A mitad del camino debe andar la solución. Pero no es precisamente  la que propugnan ciertos personajes que se presentan como disidentes moderados de última hora, a los que se les pelan las rodillas en la búsqueda de acomodo en los muy angostos resquicios legales del régimen, los santones que hablan de dialogar y perdonar a quienes nunca han pedido perdón ni diálogo. De engañifas, simulaciones e hipocresía ya tenemos bastante.