Visitaciones


Por Zoé Valdés/ Libertad Digital

"Quiero escribir con el silencio vivo", dijo Fina García Marruz en uno de los versos de su libro Visitaciones. Cito a la poeta y ensayista, a quien conocí, y de quien recibí cartas preciosas, pese a que desde los años noventa hacia acá tanto ella como su esposo, a quien también conocí,Cintio Vitier, ambos pilares del Grupo Orígenes liderado por el inmenso escritor José Lezama Lima, mantuvieron una estrecha y profunda relación con el castrismo, apoyándolo ciegamente. Cito a Fina no sólo porque es un verso magnífico, demás porque retrata el estado en el que me encuentro desde hace meses, hundida en un hondo e inexplicable silencio.

Voy a romper ese silencio para denunciar otro tipo de visitaciones. Nada poéticas esta vez. Durante la reciente visita de Raúl Castro y de su comitiva a la ciudad de París, donde fue recibido con grandes pompas, decidí viajar a Londres. Mi estancia en Londres transcurrió del 31 de enero al 9 de febrero. Una amiga quedó al cuidado de mi mascota, mi gata Sócrata, y venía cada día a alimentarla y a pasar un buen rato con ella. Uno de esos días mi amiga constató al entrar en el apartamento que algo extraño había sucedido. Los tapices estaban revueltos, algunas gavetas en el piso, objetos cambiados de lugar y el correo abierto y en el suelo. Como mi amiga no es cubana pensó que alguien había entrado en el apartamento para robar. No quiso informarme de nada para no asustarme y tampoco avisó a la policía. Se dijo también que otra posibilidad podía ser que otra persona en posesión de un juego de llaves había entrado en la casa y se había divertido a su antojo haciendo maldades.
A mi regreso descubrí todo y más, una de las gavetas de mi escritorio estaba abierta y una pluma había sido desplazada al escritorio de mi hija en su cuarto. Uno de los sofás de la sala estaba revuelto y fuera de sitio. La calefacción de gas manipulada y rota. Mi amiga por fin me informó de lo descubierto por ella en mi ausencia. La puerta no había sido forzada y tampoco faltaba nada, no se trataba de un robo. Pero con toda evidencia alguien había entrado en la casa y había querido dejar evidencias de su paso por la misma.
No veo quién pueda entrar en un apartamento de esa forma, como no sea para sembrar el miedo. No escondo nada, todo lo que pienso está expuesto en mis escritos. Sospecho que esa extraña visita, a la manera de la antigua Stasi, alguna extraña relación tiene con la presencia deCastro II y sus secuaces en París. Que lo hagan en Cuba no puede extrañar a nadie, pero que lo hagan aquí, ya es harina de otro costal.
Lo que más siento es el mal rato que le hicieron pasar a Sócrata. Lo demás está en trámite
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