Marco Rubio se juega última carta en primarias de Florida


Suerte Marcos Rubio, suerte, como la vas a necesitar. MB 

Rubio ha vuelto a su estado natal para pedirle a sus constituyentes que sea aquí y ahora donde se salve, no solo su candidatura, sino también un posible futuro como vicepresidente, gobernador o aspirante de nuevo a la Casa Blanca./Martí Noticias

Agencias
marzo 13, 2016

Las primarias del próximo martes en Florida representarán, según analistas, la última carta del senador Marco Rubio para mantenerse en la carrera por la Casa Blanca y suponen una prueba de fuego para su hasta ahora prometedora carrera política.

“Casi un año de campaña nacional después, Rubio ha vuelto a su estado natal para implorar a sus constituyentes que sea aquí y ahora donde se salve, no solo su candidatura, sino también un posible futuro como vicepresidente, gobernador o aspirante de nuevo a la Casa Blanca”, destaca un cable de EFE.


“Marco Rubio es un joven político clave del Partido Republicano que podría quedar muy resentido si el martes, “como pronostican todas las encuestas, pierde en el estado que le ha dado todo frente al explosivo multimillonario neoyorquino Donald Trump”.

 Florida es el estado donde Marco Rubio, nacido en Miami de padres cubanos, comenzó a destacarse con tan solo 28 años como comisionado de su ciudad, West Miami, y donde a los 35 ya era el primer presidente cubano-estadounidense de la Cámara de Representantes por el estado de la Florida.  "

En su estado fue también donde sorprendió en 2010 con una arrolladora victoria sobre el entonces popular gobernador Charlie Crist que le llevó al Senado federal con 40 años, y en Florida fue donde el pasado abril anunció que se presentaba como candidato a la presidencia con tan solo 43”.

Un año después, Rubio fue el elegido para dar la réplica al discurso del Estado de la Unión del presidente, el demócrata Barack Obama, a cuyas políticas se ha opuesto férreamente desde el subcomité de relaciones internacionales que preside en el Senado.

Los planes del aparato republicano quedaron dinamitados con el ascenso de Donald Trump como favorito y los decepcionantes resultados de Bush, primero en los sondeos y después en las primarias y "caucus" (asambleas populares).

Su retirada en febrero tras una rotunda derrota en Carolina del Sur dejó el camino abierto para su otrora pupilo Marco Rubio, que pasó a ser la apuesta del "establishment" para evitar que el controvertido Trump sea el candidato.

Sin embargo, los apoyos de gobernadores y legisladores, influyentes diarios e importantes donantes no han sido suficiente: el senador solo ha ganado en Minesota y Puerto Rico y descendió a tercer y cuarto puesto en las primarias del pasado martes.

El declive de su campaña se achaca al tono de los ataques que dirigió tras los comicios del supermartes del 1 de marzo a Trump, en los que llegó a criticar el tamaño de sus manos o el color de su pelo.  El propio Rubio reconoció esta semana que no está completamente orgulloso de esa estrategia, y que sus hijos se sintieron avergonzados.

La esperanza de su campaña es una remontada tras su celebrada actuación en el sustancial debate de CNN el jueves en Miami, donde se mostró de nuevo sólido y elocuente, y dejó en evidencia a Trump sin recurrir al insulto.

Rubio se la juega a todo o nada en Florida el martes, tanto así que su campaña ha llegado a pedir por televisión que los republicanos de Ohio voten por su gobernador, John Kasich, al ser el único con posibilidades reales de frenar a Trump en ese estado.

Como contrapartida, piden que los votantes de Kasich en Florida apoyen a Marco Rubio, el único con una oportunidad matemática de ganar al multimillonario.

Tanto Rubio como Kasich se juegan su continuidad en la carrera por la Casa Blanca en las primarias del próximo martes, en las que sus estados otorgan al ganador 99 y 66 delegados, respectivamente, sin el reparto proporcional habitual en las anteriores votaciones.

Rubio se enfrenta así a lo que en los medios ya se empieza a llamar "una quijotesca" batalla contra Donald Trump en Florida, de la que aspira a salir impulsado para, al menos, salvar su prometedor futuro político.