Carnival patriótico: ¿revés en victoria?


Todo parece indicar que los viajes por vía marítima han echado a andar y no se detendrán hasta el libre tránsito, que incluirá cargueros entre Mariel y Miami/Cuba Encuentro/ Arnaldo M. Fernández

Aquí y allá lo que importa es el cash,
por mar o por aire o en tierra
Revisionista de María Furniture

A falta de la buena guerra, con sangre y balacera, los medios abordan ya peripecias carnavalescas como si fueran hitos históricos, desde “la primera batalla que el exilio le gana a la política del cambio-fraude [en Cuba]” hasta “el primer revés que sufre Raúl Castro desde el inicio de las nuevas relaciones [Cuba-USA]”.
La batalla ganada estriba en que el alcalde Philip Levine se retractó de haber propuesto al MINREX cubano que plantara un consulado en Miami Beach. Ni Cuba ha pedido abrir ningún consulado en ninguna parte ni ninguna autoridad local tiene potestad legal para evitar que el régimen de La Habana pueda crear dos, tres, muchos consulados donde Washington autorice.
El revés de Raúl consiste en que ahora ingresará un poquito más de dinero con la inclusión de pasajeros de origen cubano en los cruceros a Cuba. La demanda contra la línea Carnival por haberlos discriminado, al aceptar la regla del régimen de La Habana que prohibía que ingresaran a la Isla por vía marítima, sacó a los burócratas cubiches de su habitual letargo y al paso que van darán permiso para que los cubanos visiten su país natal hasta en las balsas en que se fueron.
Discriminación e hipocresía

Y así como el Gobierno de Cuba reaccionó enseguida para garantizar la parte del pastel que llegará a Cuba por mar, los abogados que se enzarzaron en la demanda contra Carnival no irán contra la raíz de la discriminación, porque ya no tendrían a quien morder de inmediato. Una vez superada la maldita circunstancia del agua por todas partes, no hay provisión de fondos para demandar contra el maldito pasaporte cubano que, de manera discriminatoria, vienen exigiendo desde hace décadas en EEUU los quioscos de ventas de boletos aéreos a Cuba.
El revolico con Carnival incluyó que el secretario de Estado, John Kerry, metiera la cuchareta, como si su departamento no afrontara de antes la discriminación flagrante de los ciudadanos americanos de origen cubano que, para viajar a Cuba en avión, tienen que sacar el pasaporte más caro del mundo y correr otros trámites como si aún fueran ciudadanos cubanos, a pesar de la regla constitucional: “No se admitirá la doble ciudadanía. En consecuencia, cuando se adquiera una ciudadanía extranjera, se perderá la cubana” (Artículo 32).
El revolico indicó también una suerte de cambio-fraude exiliar, porque banderías anticastristas apoyaron una demanda que entrañaba beneficio económico para el régimen. Ahora nadie salió a protestar contra quienes demandaban a Carnival por no llevar más pasajeros a Cuba, tal y como hizo Juanita Castro en 1977 contra la línea de cruceros Carras por sí llevarlos en el primer crucero [de lujo] desde Nueva Orleans a la Isla del Diablo.
Por el contrario, hasta la representante Ileana Ros-Lehtinen saltó a defender que Carnival viaje a Cuba con todos [aquellos que puedan pagar] y para el bien de todos [incluso el Gobierno cubano, que suena un poquito más la contadora]. No importó que así mismo se debilitara el socorrido argumento moral de que a Cuba no se va por complicidad con el régimen, sino por urgencia familiar, que no tiene cabida ni en cruceros ni en ferries ni en yates.
Todo parece indicar que los viajes por vía marítima han echado a andar y no se detendrán hasta el libre tránsito, que incluirá cargueros entre Mariel y Miami.