VII Congreso: ni el hijo ni el yerno


Ni Luis Alberto López-Callejas ni Alejandro Castro Espín integran el nuevo Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba/Cuba Encuentro

Acaba de concluir, tal y como se esperaba, el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Desde la atalaya académica del Proyecto sobre la Transición en Cuba (PTC) —que se levanta en el cortijo del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami— se había previsto que “dos líderes, en particular, van a ser resaltados como garantes del sistema: general Luis Alberto López-Callejas, exyerno de Raúl Castro y encargado de GAESA S.A., el conglomerado de compañías más grande de la isla, y Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y actual coronel a cargo de coordinar los servicios de inteligencia y militar de la isla”.

Así apareció el 9 de febrero en el número 275 del boletín bilingüe Cuba Focus, que como parte del servicio informativo del PTC se envía gratis por correo electrónico masivo a los suscriptores. Aquí se manejó una novísima definición operacional de resaltar, pues ni el yerno [al parecer, eso de exyerno es puro chisme] ni el hijo de Raúl aparecieron por ningún lado en las sesiones del congreso y mucho menos ascendieron al Buró Político, adonde llegaron ahora los hijos de vecino Ulises Guilarte (secretario de la CTC), Roberto Morales Ojeda (ministro de Salud Pública), Miriam Nicado (rectora de la Universidad de Ciencias Informáticas), Teresa Amarelle (secretaria general de la FMC) y Marta Ayala (subdirectora del Centro de Ingeniería y Biotecnología).
Así mismo quedaron en el politburó tan solo cinco generales —incluidos Raúl y Ramiro Valdés— y de este modo se tambalea, si no se derrumba, todo el andamiaje del ICCAS y los medios en Miami sobre el régimen dinástico y la dictadura militar, que dificultan la comprensión del castrismo como dictadura de partido único desparramada por toda la pirámide social cubana. Como consecuencia de aquel y muchos otros enfoques se prolonga la ya larga vida del castrismo, al no saberse cómo enfrentarlo por ni siquiera saberse en qué consiste.