Los ‘Rolin’, Chanel, Hollywood y Francisco Franco


Quizá la turista más insólita en pasear últimamente por La Habana Vieja ha sido Carmen Franco, la hija del “Generalísimo”, quien por cierto resultó un sorprendente aliado de Fidel Castro/Quizá la turista más insólita en pasear últimamente por La Habana Vieja ha sido Carmen Franco, la hija del “Generalísimo”, quien por cierto resultó un sorprendente aliado de Fidel Castro/CubaEncuentro

Cuba está de moda, la pregunta es hasta cuándo. Maravillas naturales tiene, e historia también. Lo que le faltan por lo menos son habitaciones hoteleras y buena conexión a la Internet[1] para mimar al turismo. Las hermanas Kardashian se pusieron furiosas en La Habana porque no podían subir al momento sus fotos a la red; estas señoras son unas pobres mujeres muy ricas que trafican con la historia de sus partes íntimas en la prensa, y como Cuba está de moda, fueron allí para hacer algo original: Khloé se retrató junto al nombre de Fidel y provocó todo un escándalo en la red.

Otra cosa es Carmen Franco, la hija de Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, el Generalísimo. Que salvó a España de los rojos y a los curas también, derrotó al comunismo, fue fascista, dictador, pero también muy amigo de Fidel Castro. Con ochenta y nueve años llegó Doña Carmen a La Habana en estos días, feliz viajera después de seis décadas de ausencia, y lo explicó a la prensa: “Fidel también era gallego y mi padre nunca quiso cortar, no”[2].
Franco, junto a Augusto Pinochet, es uno de los más admirados modelos del cripto fascismo exiliado cubano, que se proclama democrático, gime por los derechos humanos, aboga por elecciones libres, se desgarra las vestiduras por el inolvidable “holocausto cubano”, y al mismo tiempo rumia en susurros que no hay mejor comunista que el comunista muerto y repetiría ardientemente por las ondas de Mambí aquel clamor de Agustín Tamargo por “tres días con licencia para matar” cuando cayera Fidel Castro. El cripto fascismo cubano existe todavía aunque jadea, es poco general pero influyente y casi todos los días llora en la radio como el legendario rey Boabdil cuando perdió Granada.
Franco fue un triunfante dictador de derechas, anticomunista feroz, aliado de la Santa Iglesia bajo Pio XII y Juan XXIII, pero tuvo una peculiar conciencia sobre la nacionalidad cubana y su gallardía al enfrentarse a Estados Unidos, algo que los cripto franquistas de Miami no toleran debido a su triple personalidad: en la superficie son como Liborio[3], en el corazón como Franco, pero en el fondo quieren ser más americanos que Davy Croquet.
Que los dos fueran “gallegos” sin dudas influyó en la tácita amistad, pero seguro que pesó muchísimo el sentimiento de revancha en España. Estados Unidos le había quitado en la guerra del 98 a Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam y el nacionalismo de Fidel Castro era como una justicia poética. Cuando el Nobel Camilo José Cela ––también gallego–– vino en 1996 a Miami para inaugurar del Centro Cultural Español, se sintió a sus anchas y dijo algo como que Cuba nunca debía haberse independizado de España. Un siglo después se mantenía la nostalgia por “la siempre fiel”.
Lo cierto es que Franco, un anticomunista intransigente, nunca abandonó a Cuba ––cosa que tanto la izquierda española como La Habana siempre disimularon, lo que no impidió que cuando murió El Caudillo, Fidel Castro decretara tres días de duelo nacional y bandera a media asta. Fidel nunca habló mal de Franco aunque sí del franquismo.
En diciembre de 1959 le tocó el deshielo a España con la visita del Presidente Dwight Eisenhower. Dos meses antes, un centenar de intelectuales habían pedido al Caudillo la liberación de “miles y miles” de presos políticos, cosa que no sucedió. Nadie le retaba el poder a Franco y el demócrata Eisenhower no se dirigió al sufrido pueblo español. El aislamiento internacional provocado por Naciones Unidas y la ineficiente gestión estatal de las empresas habían situado a España entre los países más pobres de Europa. En 1959 Franco había permitido, en contra de su sentimiento autárquico, el Plan de Estabilización que liberalizaba la economía. Después de la visita de Eisenhower, y bajo un régimen franquista que duró hasta 1977, España comenzó a crecer a un vertiginoso 7 % anual, aunque tardó mucho tiempo en ponerse de moda. En eso, hasta ahora, Cuba le lleva la ventaja.