Anticastrismo escatológico


Desde siempre viene augurándose el fin del castrismo y este acaba siempre por arreglárselas para seguir rodando/Arnaldo M. Fernández, Broward | 12/07/2016 8:16 am

Nada mejor que agarrarse de que Karina Marrón, subdirectora de Granma, soltó aquello de “la tormenta perfecta” para embullarse con que pase algo que borre de pronto al castrismo: una luz cegadora proveniente de estallidos sociales. Al filo del desespero, el embullo llega a que la crisis de este verano sobrepasará al Maleconazo (1994), pues se han quebrado tres pilares del totalitarismo castrista: la economía estatal (ineficiente), el subsidio venezolano (sobre-explotado) y la ideología comunista (desacreditada).

Armagedito y Armagedón
Sin embargo, la economía estatal es ineficiente desde 1960 y la ideología comunista está desacreditada desde 1990, mientras que la quiebra del subsidio venezolano tampoco es decisiva: en 1990 se partió el sobre-explotado subsidio soviético y el castrismo sobre-vivió. Los factores novedosos que se manejan para predecir la crisis son la oposición “más numerosa y proactiva que en 1994”, así como “dos millones de teléfonos inteligentes” que difundirían las explosiones sociales por todo el país y el resto del mundo, pero:
  • La oposición nunca ha tenido ni tendrá vela en entierro de masas. Ni promueve estallidos sociales —llevan más de un año marchando sin que nadie se sume— ni podrá encauzarlos si sobrevienen, ya que siempre está muy ocupada en divisiones internas: With seeking resources as a primary concern, the next most important pursuit seems to be to limit or marginalize the activities of erstwhile allies, thus preserving power and access to scarce resources (Cable 09HAVANA221_a, 15 de abril de 2009).
  • La difusión audiovisual de revueltas siempre viene acompañada con las imágenes de la represión, que obligarían a detenerse a pensar en por qué y para qué poner el preso o el muerto dentro, mientras que fuera todo quedaría en desórdenes públicos sin interés para un mundo pendiente del próximo bombazo terrorista. No van a venir ni los marines ni los casos azules de la ONU ni se formarán brigadas anticastristas en EEUU, la Unión Europea o América Latina y el Caribe.
El despelote por venir
No hay garantía —ni siquiera histórica o metafísica— para augurar un súper Maleconazo. El despelote que vendría armándose en Cuba por la ineptitud del gobierno para superar la economía disfuncional y la ineptitud de la oposición para superar la disfuncionalidad política entraña más bien que, como largó Moreno Fraginals hacia 1989, en el siglo XXI Cuba se irá pareciendo cada vez más a Haití.
Los cuenteros retuercen precisamente la clave del Maleconazo: vía libre en balsa, que ya está cerrada y no se abrirá. No tiene sentido, como dicen, que Cuba utilice un súper Mariel como “instrumento de chantaje” al efecto de que EEUU ¡levante el embargo a la economía estatal! Ante todo La Habana no se pondrá jamás en la picota de la ONU por violar los acuerdos migratorios con Washington, que a su vez no se dejará chantajear de modo tan pueril, pero hasta la historia se cambia para reforzar el cuento absurdo. Ahora resulta que el peligro de un súper Mariel fue la chispa que prendió la llama con que Obama alumbró en 2013 “las conversaciones exploratorias con La Habana”, como si no supiéramos por Back Channel To Cuba (2015) que la cosa vino de antes y por otros motivos.
El cuadro escatológico del anticastrismo barato se completa con que el temor cunde entre la elite gobernante ya que —llegado el momento de la explosión social— la difusión de las acciones represivas del régimen por todo el mundo “podría poner en peligro su estabilidad y hasta su permanencia en el poder”.
Aparte de que no hay fuerza política alternativa para sacar al partido único del poder, si estallaran revueltas quedarían siempre como desórdenes públicos y se disolverían enseguida, tal y como se disolvió el Maleconazo sin necesidad de que el gobierno declarara estado de emergencia.
Lo mejor del cuento de verano estriba en que el temor de la nomenclatura del castrismo no sería tanto “perder el poder y los privilegios”, sino más bien “tener que responder ante tribunales por su conducta delictiva”. Ni siquiera por el derribo de las avionetas y la muerte de ciudadanos americanos se llevó al castrismo ante el Tribunal Internacional de Justicia. Y no podrían ser tribunales cubanos, porque eso presupone nada menos que una revolución anticastrista. Y sugerirla aquí y ahora es una broma colosal.
Coda
Desde siempre viene augurándose el fin del castrismo y este acaba siempre por arreglárselas para seguir rodando. Ya el primer día de agosto de 2012 nos soplaron un “Llamado urgente por una Cuba mejor y posible”, sobre la base de que “el país está al borde del abismo” y habría llegado el momento “de tomar decisiones sustantivas”.
No se tomó ninguna decisión y la única caída al abismo reportada fue aquella de Ariel Hidalgo en el abismo de la vanidad, con su entrega del solapín “Ser de lo Alto” a los apenas 300 y pico de cubanos que firmaron aquel panfleto inocuo caído en el abismo del olvido.
Y así seguimos: prediciendo hecatombes del castrismo que nunca llegan y tapiñando hecatombes de la oposición que siempre ocurren. En este misión sublime se alzan hasta una u otra voz barriotera o solariega sin advertir que, como dijo el poeta, por más que sueñe y rabie / no podrá usted borrar la realidad.