El pato presumido El Pato Presumido que tenemos de presid

Por Zoé Valdés/Libertad Digital
El Pato Presumido que tenemos de presidente en Francia gasta nada más y nada menos que 9. 895 euros en el peluquero, así lo publica Le Canard Enchainé. Su cabello no lo amerita, pero así estamos en este país en el que domina la izquierda de caviar y predominan guardaespaldas de la amante actriz -empollona indignada de la izquierda- del Pato, que también ganan lo suyo, se comenta que mucho más que el peluquero del presidente.

Si en algo me alegró que Francia no ganara la Eurocopa fue en que de tal modo nos libramos de la imagen del Pato Coqueto a punto de reventar de dicha como si él hubiera sido el goleador.
El caso es que el Pato Acicalado sigue actuando como si su popularidad estuviera en la cumbre, cuando en verdad resulta todo lo contrario. Con la popularidad del Pato Presumido se puede pulir el parquet y desempolvar la moqueta. Nunca otro presidente francés ha caído tan bajo. Nunca otro presidente se ha empeñado tanto en llevar a su país barranca abajo y sin frenos.
Gracias al Pato Cuco la situación se complicará en futuras elecciones presidenciales del 2017. Si el Frente Nacional, el partido de extrema derecha, lo tenía fácil, pues ahora con cada acción del Pato Monísimo cada día se acerca más a su sueño de dirigir a los franceses. El Pato no hace nada por impedirlo, ya lo dije y lo repito, mientras más habla y actúa más hunde al país y más votantes escapan de su sosa y sonsa influencia.
Yo no voté al Pato, entre otras cosas porque siempre me resultaron repulsivas sus graciecitas o pujitos y su manera de comportarse con las mujeres, sobre todo con Ségolène Royal, la madre de sus cuatro hijos, con la que nunca se casó. Pero además, ¿qué historia política avalaba al Pato? Ninguna de peso ni de prestigio.
El Pato Enlacado llegó a presidente porque hoy en día, en el mundo horrendo en el que vivimos, cualquier advenedizo, cualquier habla caca, cualquier tipejo de a tres por quilo, puede llegar a presidente de un país como Francia. A eso nos hemos rebajado. La generación adicta al peor internet los vota porque se expresan como ellos, vulgares y faltos de respeto. No hay respeto en nada de lo que el Pato programa y hace, sólo exhibe una enloquecida ambición por la fama y el poder.
Al Pato Engominado lo increpé en una de las ocasiones en las que fui invitada al Palacio del Elíseo, sucedió en el 2013, en un aniversario de la Alianza Francesa. Esa vez el Pato echó un discurso donde mencionó a todas las dictaduras latinoamericanas, con nombre y apellido, y olvidó a la castrista. Tras su discurso le pedí en voz alta que no olvidara a Cuba. Me respondió algo nervioso que él nunca se olvidaba de Cuba.
Al Pato lo enterré cuando recibió con honores a Castro II, como también enterré a Ana Hidalgo, la alcaldesa de París, pese a que estuve en su comité de apoyo cuando fue elegida, pero ella también recibió a Castro II.
El Pato Entalcado no está sólo, patos como él hay unos cuantos. Por cierto, ya que hablamos de patos y de patosadas, ¿es cierto que Mariano Rajoy le regaló una pata de jamón ibérico a un musulmán? Dios mío, qué falta de tacto. A eso se reduce todo, a faltas y más faltas. No quita que me haya despatarrado de la risa. Lo que trajo el barco.