El juego de Rubio


El senador Marco Rubio no está haciendo otra cosa que aprovecharse del caso cubano para criticar oblicuamente las propuestas de su rival Donald Trump/Cuba Encuentro
Redacción CE, Madrid | 24/08/2016 11:58 am


El senador Marco Rubio está empeñado en una apuesta que lo presente como paladín del cambio y de una nueva era, y al mismo tiempo que lo defina como un preservador de los valores republicanos. Es una tarea difícil, y su derrota en las primarias presidenciales frente a Donald Trump pudieran servirle como la demostración más palpable. Quizá no, y Rubio dirige sus esperanzas hacia la mala memoria de los votantes, una posible derrota de su (¿ex?)rival Trump y los cambios políticos y demográficos en su estado. Es, además, joven, y piensa que el tiempo, todo el tiempo, corre tanto a su favor como en su fervor.

Rubio volvió a referirse a las ayudas automáticas que reciben los emigrantes cubanos al llegar a Estados Unidos, como un ejemplo de política que estimula la dependencia del Estado, lejos de estimular y premiar el trabajo, informa la agencia Efe.
En un breve artículo que el senador Rubio publica en National Review, llama a extender hasta lo que él considera logros una ley que reformó el llamado “Estado de Bienestar Social” impulsado por los políticos demócratas desde la presidencia de Lyndon Johnson.
La mencionada legislación puso el punto final a los beneficios federales permanentes en favor de un programa de asistencia temporal a familias necesitadas, que alentó a trabajar a millones de beneficiarios delwelfare.
El senador dijo que busca “fortalecer los estratos intermedios de la sociedad para que luchen contra la pobreza recompensando el trabajo”, lo cual es objetivo de una próxima “reforma del bienestar social”.
“La disponibilidad de ayuda del Gobierno sin preguntas previas a los recién llegados de Cuba ha dado lugar a abusos y pagos que demasiado a menudo terminan en las arcas del régimen de Castro”, añadió Rubio.
“El proyecto que el presidente Bill Clinton promulgó como ley en 1996 puso fin a las prestaciones sociales automáticas para muchos inmigrantes recién llegados, pero hizo una excepción para cualquier persona procedente de Cuba, bajo la presunción de que cualquiera que llegara de la Isla venía huyendo de la persecución política”, continuó.
Se refirió a que aunque siguen “viendo llegar a Estados Unidos a muchos cubanos que huyen de su país de origen temiendo por sus vidas”, de la misma forma ven “a muchos más que deberían ser caracterizados como emigrantes económicos en lugar de refugiados políticos”.
“Las actuales condiciones han resultado en que muchos cubanos emigren a Estados Unidos y soliciten beneficios como refugiados, solo para regresar en repetidas ocasiones a Cuba, el mismo lugar del que supuestamente huyeron.
Este tipo de abuso malgastó más de $680 millones en 2014, una cifra que sin duda ha aumentado desde entonces”.
“Debemos consolidar el progreso de la ley de reforma de 1996 poniendo fin a la idoneidad automática para estos beneficios”, concluyó su artículo Marco Rubio.
El senador, junto al representante Carlos Curbelo, introdujeron al Congreso hace meses un proyecto de ley para restringir los beneficios a los inmigrantes cubanos que, según estimaron analistas, ahorraría a los contribuyentes estadounidenses unos $2.450 millones durante la próxima década.
La propuesta haría a la mayoría de los cubanos recién llegados no elegibles para la ayuda monetaria para los refugiados, los beneficios médicos y otros tipos de asistencia, a menos que demuestren que son refugiados políticos perseguidos por el Gobierno cubano.
En un texto reducido, el senador Rubio mezcla diversas claves, con un objetivo fundamentalmente electoral, ya que tras dudas iniciales hechas públicas, ahora aspira a la reelección.
Lo primero es el sitio escogido para la publicación del artículo. National Review es una especie de biblia para el pensamiento conservador estadounidense —y hay que agregar que es una publicación de mérito desde el punto de vista intelectual—, pero que a la vez se ha convertido en un martillo ideológico —y político— en contra de Trump.
Bajo el título “Contra Trump” la revista lanzó en enero de este año un fuerte y mordaz editorial en contra del multimillonario, además de 22 ensayos escritos por prominentes conservadores opuestos a su candidatura. De forma indirecta, Rubio prosigue esta campaña ahora, no de una forma política directa sino en el plano ideológico.
El propio texto es además un rechazo a la plataforma que el magnate logró imponer al Partido Republicano durante la convención de su partido, y donde quedó fuera una reforma del Seguro Social y los beneficios del Medicare y Medicaid.
Así que Rubio no está haciendo otra cosa que aprovecharse del caso cubano para criticar oblicuamente las propuestas de Trump. De hecho el senador por Florida no enfoca su texto, en los primeros párrafos, hacia la situación de los cubanos, sino en referencia a los logros de una legislación promulgada hace veinte años. Párrafos en los cuales, por cierto, omite mencionar la figura clave de esta reforma: el entonces presidente de la Cámara de Representantes: Newt Gingrich, coautor del famoso “Contrato con América”. El hecho de que en la actualidad Gingrich sea un fervoroso partidario de Trump ayuda a explicar la omisión y también las miserias detrás de la politiquería como ejercicio electoral.
Pero lo que resulta más singular del artículo de Rubio es ese ataque ahora hacia los beneficiarios de los servicios de Seguridad Social de este país, cuando durante la promulgación del “Contrato con América” se consideró un logro —por otra parte meritorio— que los legisladores cubanoamericanos consiguieran que los beneficios de los refugiados cubanos no resultaran afectados.
Al igual el senador omite —y en este caso busca aprovecharse de la mala memoria del electorado estadounidense— de que los recortes en los beneficios proyectados entonces no afectaban exclusivamente a los cubanos recién llegados a este país, sino a otros que llevaban décadas viviendo aquí. Ello produjo —y para confirmar el hecho basta revisar los artículos de prensa— que muchos exiliados en Miami se apresuraran en nacionalizarse ciudadanos estadounidenses, algo que por cierto les resultaba bien sencillo, porque reunían los requisitos al respecto, y que —paradójicamente— en la próxima elección votaran a favor del partido que había intentado suprimirle los beneficios. La realidad actual es, precisamente, que tal paradoja no es tan seguro que se repita, por lo que la opción a mano de los nuevos políticos cubanoamericanos es no arriesgarse y optar por impedir el aumento de la inmigración.
El “Contrato con América” tuvo un efecto positivo en algunos casos, en reducir la dependencia con el Estado de cierto sector de la ciudadanía que en ese momento encontró trabajo y pudo romper el círculo vicioso de vivir pendiente de una ayuda que realmente perpetuaba una situación de pobreza. Pero la situación ocurrida durante un Gobierno demócrata —no hay que olvidar este hecho—, en un momento de expansión económica del país, para personas nacidas, criadas o viviendo en este país por muchos años, no es similar a la que enfrentan los cubanos recién llegados. Por otra parte, también han cambiado las circunstancias políticas, y ambos partidos, demócrata y republicano, enfrentan actualmente una situación de polarización que no es similar a la de ahora. No es lo mismo la época del presidente Clinton, que se vio obligado por circunstancias a desarrollar un discurso desde una plataforma demócrata más hacia el centro que sus predecesores, que las alternativas disponibles en la actualidad para ambos candidatos presidenciales.
El senador Rubio busca proyectar una imagen hacia una próxima y posible nueva candidatura presidencial por su parte, y en esa proyección futura no ha encontrado una vía más fácil que refugiarse en el pasado a cuenta de los cubanos que ahora llegan a este país. Simplemente de cara a los electores de un exilio tradicional, a los que considera partidarios seguros, y da la espalda a los que ahora aún no votan y posiblemente nunca lo hagan por él.