Pedrusco Sánchez


Por Zoé Valdés/Libertad Digital

Por enésima vez, el "no" ha sido la respuesta de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy. Tras esa negativa, las alianzas con lo peor de la política española acechan. Pero ahí continúa Pedro Sánchez, el inmovilizador, en su firme propósito de llevar el país cada vez más al ridículo y al abismo.

Me pregunto si el Partido Socialista no podría interferir de una vez por todas y sacarse a este compañero de la suela del zapato. Qué clase de Pedrusco Sánchez. Las bromas agigantadas en las redes sociales, acompañadas de los más estrambóticos memes, los artículos de prensa, los debates, nada de este circo conduce a este político a sentirse más comprometido con la razón y con el país que con su yoísmo enfermizo.
No sé si lo han notado, pero el color de su piel ha mutado, se ha puesto gris, de un extraño gris ratonil. Le han salido manchas en la cara, y adelgaza más que Fariñas en La Habana. No es un hombre sano, el odio, la roña es lo que lo mantienen en pie de arrechera, que dirían los venezolanos. No es un hombre apto para gobernar, no en esas condiciones de rabia permanente.
¿Qué exige Sánchez? Que sea él -y que no sea otro el elegido- el mandón. ¿Cuál es su política? La muy resuya, que dirían los mexicanos. ¿Le importa acaso lo que haya votado el pueblo? Pero ¿qué significa eso de pueblo al lado de la importancia de llamarse Pedro Sánchez?
A estas alturas, no estoy segura si ni siquiera valdría que las firmas importantes del partido lo llamen a contar, lo intenten hacer razonar. No, sospecho que de nada serviría el esfuerzo intelectual de unos cuantos, los actos por impedir la parálisis. Porque este señor no tiene nada que ver con el pensamiento, y mucho con el engreimiento y el estatismo.
Sinceramente, es hora de que el Partido Socialista lo atrabanque y lo obligue a entender que más importante que su vanidad son España y su destino. España y su rumbo hacia una estabilidad que beneficie a los ciudadanos. La única forma de meter en cintura a Sánchez es volver a votar por un nuevo líder y un nuevo candidato. Apostar por una persona que no esté tan malignamente enferma como lo está este arrogante.
Me dirían algunos lectores que lo mismo habría que hacer con Mariano Rajoy. Pero es que Mariano Rajoy ha sido votado por una mayoría de españoles. Aunque, estoy de acuerdo, cambiémoslos a todos. Pero empecemos por el más dañino: Pablo Iglesias. Otro incurable.