Radio Martí: la credibilidad por el suelo


Armengol, habló. Bueno, cuando alguien grita una verdad, los demás se embullan, ¿será? MB
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Diversos informes del Gobierno de EEUU indican que los programas de Radio Martí “no se adhieren a los estándares periodísticos más aceptados”/Alejandro Armengol, Miami | 14/09/2016 6:10 pm/Cuba Encuentro

Hace algunos años, los periodistas que colaboraban con Radio Martí recibían un documento donde se especificaban las normas éticas y periodísticas por la que se regía la emisora. Si dicho documento sigue aún vigente, poco hacen para cumplirlo las dos emisoras a cargo de la Oficina de Transmisiones a Cuba de Estados Unidos (OCB). Tanto Radio como TV Martí se han desviado de la idea original de brindar información objetiva y sin censura al pueblo cubano, para convertirse en simples instrumentos al servicio de un sector del exilio de Miami. Y esto se ha agravado durante los casi ocho años de mandato del presidente Barack Obama.
Ha sido precisamente durante la administración de Obama que los problemas que desde el inicio afectaron el desarrollo de una labor informativa independiente, por parte de un servicio noticioso pagado por los contribuyentes estadounidenses, se convirtieron en práctica rutinaria, y lo peor del caso es que en la actualidad no parece existir interés alguno por fiscalizar y controlar una labor que en los últimos tiempos ha escapado incluso a cualquier comentario crítico de otros órganos de prensa. En la actualidad Radio y TV Martí parecen existir en una especie de limbo donde se desconoce su futuro y a nadie parece preocuparle. De las especulaciones sobre su posible desaparición, o su transformación en su servicio administrado de forma privada pero financiado con fondos públicos, apenas se habla. La inercia parece reinar sobre un proyecto que en un inicio significó un empeño por informar, pero que ahora solo sirve de acomodo a intereses locales en Miami.
La falsa noticia sobre la “Enmienda Fariñas”, divulgada en el sitio Martínoticias, es un buen ejemplo de la pérdida de credibilidad de las emisoras gubernamentales. El texto puede servir de ejemplo, para cualquier curso de estudio, sobre los errores que deben evitarse en el periodismo.
Bajo el título “La Unión Europea refrenda la Enmienda Fariñas”, Martínoticias publicó una supuesta información donde en ningún lugar se especifica la fuente de origen. Si en otra época la normativa en Radio y TV Martí exigía que ninguna noticia podía ser publicada sin que antes se verificara su origen por dos fuentes independientes —algo que por otra parte no siempre se cumplió—, aquí ni siquiera se señala una. Todo el texto no es más que una simple copia de una “noticia” sobre una enmienda, supuestamente votada el lunes por el Parlamento Europeo, que resultó completamente falsa.
No hay justificación alguna para que un órgano de prensa de un gobierno cometa un error de esta naturaleza. Otros medios, como El Nuevo Herald, fueron más cuidadosos en aclarar lo cuestionable de la información, porque simplemente llevaron a cabo la tarea indispensable de intentar verificar por medios independientes la veracidad de la nota.
La labor del periodismo no es servir de eco de cualquier cosa que aparezca en Internet, sino de comprobar y verificar lo que se va a publicar. De lo contario se convierte en simple caja de resonancia. Que esto ocurra en un blog resulta entendible. Pero cuando es una organización noticiosa la que comete un error de tal naturaleza, con un presupuesto millonario, al menos debe producirse una rectificación. El lunes seguía apareciendo la “noticia” en el portal de Martínoticias, como si fuera cierta.
Todo ello resulta más grave por el hecho de que una emisora gubernamental no actúa —o no debe actuar— con criterios similares a una empresa privada. No depende de anunciantes ni de ratings para garantizar su permanencia. Supuestamente funciona con independencia y de acuerdo a estándares elevados. La credibilidad de ambas emisoras ha descendido lamentablemente a una situación en que no se distinguen las barreras entre lo correcto, desde el punto de vista ético, y la apropiación, para provecho de unos cuantos, de unos fondos supuestamente destinados a divulgar noticias en Cuba.
Lo ocurrido con la falsa noticia sobre la “Enmienda Fariña” y su divulgación por Martínoticias no es un caso aislado. Con frecuencia aparecen en dicho portal informaciones de los llamados “periodistas independientes” que nunca se verifican, carecen de seguimiento y al parecer están destinadas a despertar la atención en un momento determinado y luego desaparecer, al estilo del peor “amarillismo” en la prensa. Por años se vienen repitiendo las quejas y los informes negativos sobre las dos emisoras del Gobierno de Estados Unidos radicadas en Miami, sin que se haga nada al respecto.
Aunque Radio Martí se creó en 1983 —y TV Martí en 1990— para brindar a los cubanos información confiable e imparcial, diversos informes del propio Gobierno de EEUU han destacado que “no se adhieren a los estándares periodísticos más aceptados” y que utilizan “un lenguaje ofensivo e inflamatorio”, y que los cubanos dentro de la Isla cuestionan su “objetividad”. Los contratos otorgados han sido cuestionados por la Oficina del Congreso por irregularidades; en ocasiones sus editoriales han provocado la furia de la Junta de Gobernadores (BBG); sus índices de audiencia puestos en entredicho en relación a los centenares de millones de dólares gastados en su mantenimiento, así como el fracaso en mejorar las trasmisiones de TV Martí; los proyectos disparatados como el famoso globo Aero Martí ha significado solo la pérdida de decenas de millones de dólares antes de desaparecer; el espacio ha sido utilizado para la propagación de anuncios políticos de los candidatos presidenciales republicanos; y el objetivo de la incoativa ha sido objeto de debate una y otra vez.
Si de algo han servido Radio y TV Martí bajo el Gobierno de Obama, es como vehículo para el pago de favores políticos adquiridos durante la campaña presidencial del actual inquilino de la Casa Blanca. Pero el objetivo de que los cubanos en la Isla estén mejor informados sigue siendo una asignatura pendiente por parte de las emisoras del Gobierno estadounidense.