Valls, el suizo


Por Zoé Valdés/Libertad Digital
Nadie lo diría, porque la mayoría solamente se refiere a él teniendo en cuenta sus orígenes paternos catalanes. Pero Manuel Valls tiene una madre suiza, y ha vivido muy cercano de Suiza por breves períodos, aunque de manera muy discreta. Su madre vive en París desde los veinte años, pero no puede negar que pertenece al cantón italo-parlante de la Confederación Helvética, y ha conservado su nacionalidad suiza, que no tenía por qué perderla.

Valls, ex primer ministro del gobierno de François Hollande y ahora candidato a las primarias presidenciales de la República Francesa por el partido socialista, habla, además del francés, italiano y catalán.
Sin embargo, Valls tiene muy claro que si bien sus raíces catalanas son muy bien vistas y consideradas en la izquierda francesa, el lado suizo, con todo lo que eso comporta, paraíso fiscal, refugio de emigrantes acaudalados, puede verse con mal ojo y resquemor. Es la razón por la que el ex primer ministro prefiere en cada intervención aclarar que se siente orgulloso de sus orígenes españoles (pésele a quien le pese) y a sus orígenes tessinois por Tessin, para no mencionar Suiza, y evitar la palabra que lo mezcla con el país de las grandes fortunas.
Uno de los próximos posibles candidatos a la presidencia por la izquierda pudiera adquirir cuando quisiera un pasaporte suizo, pero se ha negado a ello. No le aportaría nada, según ha confirmado. Sin embargo, no sabemos si posee un pasaporte español o si al menos ha pensado en sacarlo alguna vez.
El caso es que tanto su lado catalán, o español como él prefiere señalar, como su lado suizo no lo salvan de la inmensa impopularidad de la que goza el Partido Socialista Francés que él representa, y esto es sólo fruto de las pésimas gestiones del peor presidente que ha tenido este país en toda la historia de la República, François Hollande, y de sus primeros ministros, Jean-Marc Ayrault, primero, y Manuel Valls, después.
Sí, Manuel Valls, que tanto ha publicitado sus orígenes españoles, pudiera ahora verse obligado a subrayar más sus raíces suizas, sólo para probar si tendría más suerte con un electorado harto de las triquiñuelas pordioseriles (por pordioseras y estériles) de la izquierda.