ALAN GROSS: LA HISTORIA COMPLETA


Bueno, qué quieren ustedes que les diga. He visto el documental sobre Alan Gross. Yo siempre espero un documental sobre algún héroe cubano, pero no, aquí el americano vuelve a ser el héroe. Y qué héroe, yatúsabe, mi cúmbila. Un héroe que no reconoce que los cuatro héroes, jóvenes cubanoamericanos, de Hermanos al Rescate fuesen injustamente asesinados, no lo dice así, pero lo dice, con otras palabras, aunque lo subraya. Sólo hay que leer entre líneas y estudiarle el semblante. Nunca, a todo lo largo del documental, se puso más alterado este señor que cuando le hicieron esa pregunta y le nombraron a los héroes cubanos de Hermanos al Rescate.

Yo hice campaña por la liberación de Alan Gross en este blog durante los cinco años de su encierro. Y después seguí sus declaraciones como todo el mundo. Zonas más oscuras que claras, vamos a dejarlo ahí. Otra vez historia de dientes por el medio. O sea, el encarcelado salió sin dientes, y finalmente ahora los tiene, se los puso al regreso, y hace hincapié en ello. Al parecer los carceleros castristas se cuidan de no torturar al reo extranjero, pero con los dientes ya es otra cosa.
No me creo ni un segundo el amor de este señor por Cuba. Y todo ese perdón que él clama y nos exige, bueno, sólo alguien que no nació y no creció en un régimen totalitario que ha durado más de 58 años, con todo lo que eso significa, puede pensar en el perdón y que con ello se irá hacia delante. Yo, por el contrario, creo que el pueblo cubano sólo podrá ir hacia delante cuando vea a sus verdugos juzgados y condenados, y cuando esa familia espantosa salga de Cuba hacia el exilio, como hemos tenido que salir muchos.
Por otro lado, Karen Caballero es una excelente periodista, pero tengo que hacer una salvedad, y espero que ella lo lea y no lo tome a mal. Caballero está más preocupada por su apariencia física que por su intelecto, que le sobra a raudales, a ella le inquieta más verse bonita que reafirmarse con su razonamiento. La boquita que pone, los ojitos en un pallá y pacá incesante, merman encanto a su brillantez como profesional. Es sólo una mínima observación.
Lo peor del documental. Bueno, pues toda esa parte de presentar a los cubanos exiliados como estrambóticos animalitos folklóricos enjaulados en la Calle 8, bebiendo café cubano y jugando dominó a toda hora, y para rematar, la visita a una galería que es la peor de las que existen en la Calle 8, una especie de quincallería del arte de medio pelo en donde se baila, se canta y alguna que otra cosa más.
Igual resulta que eso es lo que somos los cubanos, aunque no todos, e igual eso es lo que buscan los americanos en nosotros. Y Gross no tiene por qué ser diferente al resto.
Lo cierto es que con aquel tabaco tal parecía que se acabada de bajar de una guagua de turistas yumas más decidido a comprar baratijas y artesanías que dispuesto a hablar de Cuba y de su libertad.
Zoé Valdés.