'Fascibook'


Por Zoé Valdés
Qué caray las ratas, las ratas son bailarinas de Degas comparadas con los que no rodean. El horror que nos acorrala a diario no tiene ni nombre, o se busca nombres tan pomposos como Facebook, supongamos: ¿libro de caras?
Ni libro ni caras. Nada más lejano a lo que es un verdadero libro, un objeto que instruye, que entretiene, que sirve para engrandecer el espíritu, o para a aprender a leer en nosotros mismos. Todo lo contrario, no hay nada más empobrecedor que Facebook o Fascibook.

¿Caras? Muy pocos dan la cara, numerosos son los que se esconden tras seudónimos y fotografías que no corresponden a sus verdaderas identidades. Sin contar la cantidad de perfiles y datos de identidad falsos y hasta robados que circulan y que se han creado con el mero objetivo de espiar y delatar.
No fui de las primeras en abrir una cuenta en Facebook, no me interesaba. Hace unos años me decidí a hacerlo por razones estrictamente profesionales, pensé que podía ser un medio para dar a conocer todavía más mis artículos y mis libros. De inmediato la cuenta alcanzó los cinco mil amigos (cantidad limitada por los propietarios de la red) y debí convertirla en cuenta ilimitada de autor. Abrí entonces una segunda cuenta, también con mi nombre, a través de la cual podía interactuar a diario con nuevos amigos y seguidores, y una tercera cuenta para llevar mi antigua galería y revista Ars Atelier City, administraba las tres cuentas desde la inicial.
Desde hace muy pocos meses fue que empecé a descubrir que era más cómodo e impactante escribir comentarios largos y que las reacciones a esos comentarios no se hacían esperar. Comencé a escribir con la sinceridad que me caracteriza, y no faltaron los insultos, ataques, amenazas y demás extremismos propios de cualquier colectivo inhumano. Compensaba el resto de los numerosos comentarios positivos e inteligentes que dejaban las personas como más de dos dedos de frente y con una verdadera cara e identidad.
Lo primero que no me gustó fue esa familiaridad falsa, esa promiscuidad entre ignorantes y gente muy inculta en su gran mayoría, que ha hecho la huella o marca más negativa de la red social. Lo segundo que me disgustó profundamente, como a muchos usuarios, sucedió cuando uno de los cofundadores de Facebook donó más de 20 millones de dólares a la campaña de Hillary Clinton. Me pareció extremadamente peligroso y revulsivo que un jefazo de la más importante red social mundial se decantara pública y monetariamente por un candidato a la presidencia de Estados Unidos, posiblemente usando el dinero ganado a través de numerosos usuarios que jamás hubieran votado por esta señora.
Escribí lo que pensaba de Hillary Clinton, mi intenso desprecio hacia esta corrupta mujer cuya carrera política vino avalada principal, aunque no únicamente (recuerden a uno de sus mentores y amigos), por su marido expresidente que no vaciló un instante en humillarla a niveles mundiales; una mujer que, según ella misma dijo, favorecería las relaciones entre su país y la dictadura que impera en mi país. El 11 de noviembre de 2016 Facebook decidió bloquear mi cuenta por una duración de 24 horas. Según ellos, un post infringía las leyes, no me dijeron cuál. No había ningún post que infringiera ninguna norma de Facebook. Pedí explicaciones y nunca me las dieron. El silencio como respuesta.
Según me explicaron otros usuarios a mi vuelta, Facebook funciona así: si alguien delata tu cuenta, al momento te la cierran, revisando quizás antes, aunque muy por arribita. Otro usuario salió por Twitter defendiendo nuevas razones: Facebook funciona por algoritmos y si detecta una foto de desnudos o una imagen inapropiada, pues ahí mismo condena la cuenta. No era mi caso, no había ninguna imagen inadecuada en mi muro. De cualquier modo, detrás de los algoritmos siempre hay y habrá una mano y una mente humanas. Así que alguien es el culpable de que se cierren esas cuentas, alguien que no responde, que se esconde, que censura y prohíbe.
A mi regreso a Facebook seguí interactuando con mis amigos feisbuleros a través de artículos, citas, comentarios humorísticos. Volvieron a cerrarme un buen día, otra vez por 24 horas. Y la misma actitud de su parte. A mis correos, la callada por respuesta, cero explicación. Censura y prohibición.
Hace dos noches escribí un artículo sobre las reacciones racistas latinoamericanas, mejor dicho, letrinoamericanas, que se desataron mediante videos en Facebook en contra de los cubanos tras la decisión de ObamaCastro de derogar la ordenanza Pies Secos, Pies Mojados a la Ley de Ajuste Cubano, que permitía a los cubanos la entrada a los Estados Unidos protegidos por beneficios que ciertamente otros no tenían, y que no tenían por qué tener (salvedad de los chinos y los venezolanos), puesto que en Cuba impera una dictadura de más de 58 años -aunque no es menos cierto que los cubanos han usado y abusado de esos beneficios, pero esa es otra historia-. El hecho es que publiqué mi post, y poco tiempo después Facebook volvió a censurarme y a castigarme esta vez por 3 días, "extensible" a más.
Entre tanto, los videos de peruanos y hondureños, los comentarios agresivos de mexicanos, llamando a los cubanos con todos los peores insultos habidos y por haber, continuaron en los muros de cada uno de ellos. Y ahí continúan. Nos llaman "basura", "mierda" y de todo y cuanto hay, y no precisamente bueno ni educado. El nivel de racismo en contra de los cubanos da al cuello, pero esos posts y esos videos siguen siendo leídos y visitados por miles de personas.
Esperé un día pacientemente, envié cartas a Facebook que no fueron respondidas. Ayer, muy tarde, intenté probar si podía escribir algo, lo que ni siquiera podía hacer en mi mensajería, y se abrió una ventana en la que Facebook me anunciaba que el bloqueo de mi cuenta sería extendido indefinidamente. Sin ninguna explicación. Entonces inhabilité mi cuenta.
No me interesa pertenecer a ningún sistema represor, y mucho menos dirigido por niñatos millonarios que se creen los dueños del mundo, y de las mentes humanas, un sistema que sólo crea depresión y dependencia, histerismo e ignorancia, manipulado por un engreído que ya está viendo la posibilidad de devenir presidente de los Estados Unidos, porque a la larga a este tipo de personajito izquierdoso lo único que le importa es el poder, convertirse en el amo del mundo y del universo. Ya casi lo es.
Pues sí, me largué de Facisbook, como lo ha llamado mi amigo Michel Céspedes, porque ha resultado ser un sistema fascistoide de control, que utiliza métodos comunistas de aniquilamiento personal.
Por el momento me encontrarán en Twitter, en Instagram, y en mi blog www.zoevaldes.net. También en este espacio de Libertad Digital, cada jueves.