Norcorea y el espectro de la guerra impensable


Escrito por Adalberto Sardiñas Cruz   Martes, 25 de Abril de 2017 16:10   /Libre

Regresamos, en el tiempo, a los escalofriantes días de octubre de 1962. Nunca, desde entonces, se levantó el espectro horrífico de la extinción masiva de incontables millones de seres humanos por la barbarie nuclear, como en estas tres semanas pasadas. Ayer, en la mitad del siglo XX, el protagonista fue Cuba. Hoy en los inicios del XXI es Corea del Norte, otro país comunista. Situaciones similares con actores igualmente desquiciados.


Los decibeles, en el pronóstico del apocalipsis, se elevan a la estratósfera. En Asia, por la proximidad al epicentro de la irracionalidad nuclear, hay miedo sin ausencia de razón. Lo provoca la impetuosidad impredecible de un tirano al frente de un gobierno cuya ambición suprema es el poderío nuclear.

En América, y en el mundo, existe una legítima preocupación. En el momento en que redacto estas líneas, un diputado del Ministerio de la Defensa de China dice, sin cortapisas, que “una guerra nuclear está al producirse en cualquier momento”. Una Armada americana, poderosísima, con el portaviones “Vinson” y sus barcos acompañantes, ha tomado posición en la península coreana. Buques chinos y rusos, le siguen de cerca. Todo esto se desenvuelve en el ámbito “bélico” convencional al margen de lo nuclear. Todo esto es manejable, pero si se sale de control, los próximos pasos pudieran ser catastróficos. Terminales.

Y entonces ¿qué?. Para los más pesimistas, sería la hecatombe del Armagedón. La última guerra. El holocausto máximo. La aniquilación de nuestra civilización. El por los siglos pronosticado apocalipsis.

¿Puede ser esto posible? Solamente  si le permite a Kim Jong un el acceso al arsenal nuclear. Todavía estamos a tiempo de frenar esta loca carrera hacia el desastre. Sí, ciertamente hemos perdido 20 años tratando de sobornar a un orate esquizofrénico; y lo peor, cediendo a sus repetidos chantajes. Pero las cosas van cambiando. Hay en la Casa Blanca una administración firme, dispuesta a cambiar el curso de la irresponsable política de “paciencia estratégica” que solamente prolongaba el inevitable momento de la confrontación definitiva.

El momento ha llegado. Un análisis frío, a ojo pelado, dentro de la candente realidad, nos ofrece la esperanza de una solución de reposo, alejada de la inmolación masiva. El único actor participante en el drama, capaz del súper destrozo humano, es el verdugo de Corea del Norte. Ni China, y mucho menos Rusia, arriesgarían una confrontación nuclear por salvar a Kim Jong un.

Es innegable que Corea del Norte es un importantísimo peón para los intereses geopolíticos de China .¿Pero tan importante como para envolverse en una guerra sin victoria final? La respuesta es obvia: ¡Jamás!¡

Además, es absolutamente posible que China esté considerando, en medio de esta crisis, el beneficio y el estorbo que Kim Jong un representa a sus intereses y a la estabilidad de la región. Ante este cuadro, todo entra en el análisis de las posibilidades, incluyendo la eliminación del tirano por una figura leal a China, (por supuesto) pero menos confrontacional. También, y esto es de primer orden, se impone la desnuclearización de la Península de Corea para lograr una nueva etapa de tranquilidad, no mecánica y provisional, sino de equilibrio con carácter de permanencia.

Tenemos un ejemplo a la mano en la historia del pasado siglo en la crisis de los misiles instalados en Cuba por la entonces beligerante Unión Soviética. El holocausto se evitó mediante compromisos (algunos encadenando la libertad de la Isla) y la fantasmagórica amenaza del exterminio masivo retrocedió al punto cero con una duración de casi seis decenios.  También entonces, valga la incómoda remembranza, había  un descontrolado sicópata agitando el abortado desastre.

Afortunadamente la nueva administración en Washington ha entendido, desde su inicio, la amenaza de un “status quo” inaceptable en la Península de Corea, y la imperiosa urgencia de parar el desenfreno del lado Norte de nuclearizar el área. El Presidente Trump, para lograr ese objetivo, apeló a la carta china. Pero vayamos con cuidado.
Los chinos han mostrado, consistentemente, una cínica duplicidad en la conducción de su política internacional, y en particular en los asuntos concernientes a Corea del Norte. Durante largos años, China ha mostrado superficial apoyo, a regañadientes y a refunfuños, a las sanciones de la ONU contra Corea del Norte, mientras que, por el otro lado, aumentaba sus relaciones comerciales en un  80%.

Es cierto que la arremetida del Presidente Trump contra Kim Jong un ha colocado a éste,  con su protector, Xi Jinping, contra la pared. La presión la comparten ambos, pero el mayor peso recae sobre el líder chino que está llamado (obligado) a actuar. ¿Cómo lo hará? Ahí descansa el enigma que invita a la especulación.

Varios escenarios se abren al análisis: (1) China reduce considerablemente la ayuda económica (petróleo, carbón y comercio en general) (2) mina el poder de Kim Jong en búsqueda de un aceptable sustituto y (3) engatusa a Trump (algo improbable) para entretener un diálogo de control armamentista con Corea del Norte que terminaría en un fiasco como ha sucedido con las tres previas administraciones en Washington.

Sin embargo hasta ahora, existen escasas evidencias de que China esté cambiando su actitud hacia Pyongyang.

La única evidencia real, palpable y cierta, es que, mientras Kim Jong un permanezca en el poder en Corea del Norte, el peligro de un desastre termonuclear pende sobre la vida de millones de seres humanos.

El Presidente Trump lo caracterizó días atrás en términos claros: “tengo confianza en que China, apropiadamente, actuará en el caso de Corea; pero si ellos no lo hacen, Estados Unidos, con sus aliados, lo harán”.

Mientras en el escenario mundial continúan las especulaciones sobre el resultado final, Mr. Trump mantiene a sus adversarios fuera de balance adivinando sus movimientos.

Creemos que, por ahora, la guerra improbable, seguirá siendo eso…


Balcón al Mundo
Día tras día los venezolanos permanecen en las calles de Caracas y otras muchas ciudades, en creciente protesta contra un gobierno que no tan sólo les niega  la libertad, sino hasta la alimentación básica para su subsistencia. Venezuela vive en caos absoluto. El crimen rampante es el tormento de la ciudadanía. El cuidado médico y el acceso a la medicina es inexistente.

Los multitudinarios desfiles diarios, con la presencia de cientos de miles de hombres y mujeres, es admirable. En Venezuela sobra el coraje, pero falta la disciplina de una oposición que anda a la deriva.

Las manifestaciones sin un plan específico es un inútil derramamiento de energía.

¿Por qué no ir en oleadas frente al Palacio de Miraflores para pedir la salida de Maduro?. Ese sería un paso concreto y efectivo y tendría gran resonancia internacional.

De todas maneras creo que los días de Maduro en el poder están contados.
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Bill O´Reilly, quizás la figura más influyente en la arena política, y en la opinión pública en general en los últimos años, cayó de su pedestal por una combinación (siempre letal) de sus propias indiscreciones de índole sexual, y de la campaña feroz de los “progresistas” demócratas que también lo son de la cadena FOX.

¿Ha comenzado FOX su fatal declive?  Depende de la reacción y las medidas que tomen los Murdoch en los próximos meses. Si la erosión de talento que se ha venido produciendo en los pasados seis meses continúa, todo parece indicar que así será.
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Los Demócratas pretenden ver en cada insignificante elección, en cualquier distrito, un referéndum sobre la administración de Trump. Soñaron con la derrota del Republicano Ron Estes en Kansas para llenar la posición vacante por la designación de Mike Pompeo como director de la CIA, pero Ron Estes ganó. Los Demócratas tragaron en seco, otra vez, pero cifraron sus esperanzas en una victoria por knock-out del novato Jon Ossoff en las primarias de Georgia que logró poco más del 48% compitiendo contra once aspirantes Republicanos. Tendrá que ir, para desconsuelo propio y de su Partido, a una segunda vuelta en junio contra un solo candidato Republicano, Karen Handel, quien, según los analistas, ganará por un margen de 7 a 8 puntos.

Por ahora la cacareada renaciente energía del Partido Demócrata no se ve en ninguna parte, aunque está derrochando el dinero a manos llenas en elecciones de limitada relevancia.