Crisis migratoria cubana: el tiro por la culata

El cuadro no conviene a los que quieren pintar un paraíso para inversionistas extranjeros/Cuba Net

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LA HABANA, Cuba.- La estrategia de disuadir a los miles de cubanos que intentan llegar a los Estados Unidos atravesando Centroamérica y hacerlos retornar a la isla no ha funcionado como esperaba el gobierno cubano, en colaboración con Daniel Ortega y otros aliados de la región.
Al parecer, los “tanques pensantes” del Consejo de Estado, obsesionados con el uso de la fuerza e ignorantes de las verdaderas causas y componentes de la emigración cubana, no contemplaron la posibilidad de desatar una nueva crisis migratoria, esta vez convertida en un verdadero conflicto multinacional, es decir, un escándalo nada recomendable en medio de los intentos por hacer del país una plaza atractiva para empresarios extranjeros enamorados de la estabilidad política que ha prometido la contraparte en los negocios.

La estrategia parecía sencilla: impedir el paso por Nicaragua, cerrar la puerta de Ecuador, obligar al retorno y, con eso, truncar los planes de aquellos que aún conforman la menguada fuerza laboral de la isla, mucho más enfocada en trabajar para reunir el dinero que les permita emprender la fuga que para conducir al éxito los planes socialistas de desarrollo a largo plazo.
“Se les ha virado la tortilla, sobre todo con Ecuador. No esperaban las protestas masivas frente a la embajada. Eso los tomó por sorpresa”, opina Raomil Escalona, economista y emprendedor privado. “Lo que hicieron fue ponerle un tapón a una tubería rota, agujereada, y el agua se les salió por todas partes, sin control, cuando la idea era atrapar toda el agua en retorno.
Añade Raomil que “en los años 80 y en los 90, las crisis migratorias eran beneficiosas en cierto sentido porque permitían deshacerse de grandes multitudes en medio de una economía colapsada y, al mismo tiempo, incrementar los ingresos por concepto de remesas”. Sin embargo, “hoy los planes del gobierno son otros y la realidad demográfica les está diciendo que no es posible el éxito sin fuerza de trabajo, tanto la bruta como la especializada, y la tendencia es al envejecimiento y la despoblación”.
Para el economista, “todo eso coincide con otro descubrimiento: una gran parte del dinero de las remesas no se está quedando en Cuba, sino que regresa al exterior. Ese dinero llega, se invierte en los negocios privados, se incrementa pero no se queda todo en los bancos cubanos, ni siquiera la décima parte (…) Sin decir que la mayoría de las personas que trabaja para el Estado lo hace hasta tanto logre independizarse o reunir el dinero suficiente para largarse de aquí, temporal o para siempre. Eso es un problema que, de mantenerse, se ramificará en otros mucho más graves (…) La cosa es más seria, no solo porque han descubierto que mañana se quedarán sin fuerza de trabajo, sino porque hace unos días comprobaron, con lo de Ecuador, que hay gente que tiene dinero y esa gente está dispuesta a defenderlo a como sea”.
La retención de los médicos, la restauración del sistema de visados para viajar a Ecuador, la posibilidad de que la Unión Europea limite por un tiempo los visados Schengen, más los rumores en la calle sobre la implementación de nuevas medidas de cierre para los profesionales de otros sectores y para los recién graduados universitarios, han alborotado el hormiguero.
Como reportan las cadenas de noticias, el resultado ha sido funesto e incluso, en los últimos días, se han incrementado los intentos de salidas ilegales. En consecuencia, se ha lanzado la máxima alerta en las unidades de guardacostas, mientras que los principales puntos de salidas clandestinas están bajo control estricto de la policía.
“Son medidas contraproducentes porque eso atemoriza más a quienes tenían en sus planes emigrar en un futuro no tan cercano, y ahora, sin querer, han comenzado una cuenta regresiva. O es ahora o nunca porque la cosa puede ponerse peor, es lo que cualquiera pensaría”, opina un funcionario del gobierno que no desea ser identificado.
“En los últimos días nuestros choferes han tenido problemas con la policía porque los detienen, les piden todos los documentos, les revisan las cargas, les hacen preguntas (…) En vez de dedicarse solo a atraer a los inversionistas extranjeros, deberían pensar en cómo volver más atractivo el país para nosotros los cubanos, así la gente lo pensaría más para irse e, incluso, los que se han ido pensarían en regresar. Pero eso tiene que ser ahora, ya, y no para el quinquenio que viene”.
Para quienes no conocen la realidad cubana y para quienes creen conocerla debido a la imagen de paraíso tropical que les han vendido las agencias de turismo, la crisis migratoria parece un total absurdo porque, ¿a quién se le ocurriría cambiar un sistema de salud y educación gratuitas, un ambiente de aperturas económica y política por un campamento improvisado en la frontera con Nicaragua?
A pesar de las condiciones extremas en que se encuentran nuestros refugiados, ninguno ha desistido en el intento de continuar viaje rumbo al Norte y, a merced de la incertidumbre, de la humedad y el frío, de las enfermedades y el hambre, aguardan una solución favorable porque intuyen que un retorno a la isla los condenaría a un encierro de por vida.
“Sus nombres quedarán registrados en los controles migratorios y por muchos años no podrán renovar el pasaporte ni solicitar visa en ningún consulado, ni siquiera en el de los Estados Unidos, en ninguno”, comenta Dagmaris Cobas, ex directora económica de una empresa de servicios para el turismo. “Si regresan están embarcados [perdidos], el gobierno se anota un punto a favor porque la gente lo pensará más para irse y no les quedará más remedio que ser cada día más obedientes”.
Cobas cree que “si logran llegar a los Estados Unidos, o al menos ser aceptados en México ―que lo dudo― entonces sí será la peor pesadilla para los que quedamos del lado de acá, porque aquí harán lo que sea para que no se repita la historia, y eso será más controles, más cierres, y tal vez una vuelta al permiso de salida, la tarjeta blanca, la verde, la azul y todo el papeleo que se les ocurra”.
“La gente se va porque Cuba es un invento”, dice finalmente. “Se habla mucho del éxodo de los cubanos pero nada se dice del éxodo de los empresarios extranjeros. Hay que ver cuántas empresas extranjeras cierran a menos de un año de abiertas, cuántas no recuperan lo que invirtieron, cuántas han descubierto que nada es lo que parecía. Si alguien quiere entender con datos concretos por qué se van los cubanos, que entiendan primero por qué huyen los empresarios extranjeros e incluso por qué, sospechosamente, hay unos pocos que se quedan”.