OBAMA TRAJÍN. POR ZOÉ VALDÉS


Por Zoé Valdés./Libertad y Vida (blog de Zoé)
Al que se ocupa de asesorar al presidente Barack Obama para los asuntos cubanos habrá que destituirlo más temprano que tarde, a no ser que todo haya sido premeditado con el propio presidente cumpliendo un viejo sentimiento totalitario, solamente se explica esta humillación a Estados Unidos. A todos aquellos, a los que únicamente les interesa el baro (billete), cubanos o no, y que creen que los Castro han cambiado o podrán cambiar, yo les diría que recuerden lo que ha sido, es, y seguirá siendo ese régimen, por supuesto, crímenes incluido. Bajo el mandato de Raúl Castro, sólo para citar los más recientes, murieron en extrañas circunstancias Orlando Zapata Tamayo, Laura Pollán, Oswaldo Payá y Harold Cepero, entre otros.

La trajinada que le han dado a Obama empezó con el chistecito del tal Pánfilo en la televisión cubana, televisión del régimen, por supuesto. Por ahí pasa lo que el régimen autoriza y nada más. Alguien que vio el video me advierte que ese sketch cita, tal vez con una oculta intención, a aquellos antiguos sketchs de los cómicos Chicharito y Sopeira, en los que los comediantes tenían por costumbre llamar a los presidentes norteamericanos, sin que ninguno les respondiera de verdad. Chicharito era el negrito y Sopeira el galleguito. Pues bien, he buscado un video donde aparecen estos dos cómicos, y me he topado con que el parecido de Obama con Chicharito resulta alarmante, lo que llamó la atención de la persona que me dio la referencia. La televisión cubana, racista al fin, ha puesto al presidente de los Estados Unidos en el rol de un Chicharito cualquiera. Y el entorno del presidente, ignorante o cómplice al fin, lo ha permitido.
La trajinada continuó con la glacial bienvenida que le dieron al presidente y a su familia el día de su llegada, o sea ayer. Ni Castro II ni Miguel Díaz-Canel, el vicetirano, se portaron por el lugar. Las puchas de flores que entregaron a la primera dama, a la suegra e hijas del presidente, parecían arrancadas de cualquier matorral del vecindario. No hubo ninguna parada militar, y tampoco se oyó el himno norteamericano. La lluvia arreciaba, tanto el presidente como su familia debieron portar los paraguas sin que nadie viniera en su ayuda. Digamos que ellos lo quisieron así. Si comparamos con la bienvenida que recibió en días anteriores el pelapollos de Nicolás Maduro, al que Díaz-Canel recibió solícito en la escalerilla del avión, y al que condecoraron con la más alta distinción cubana, podemos asegurar que esta bienvenida a Obama ha sido la más desangelada humanamente y la más insultante políticamente hablando. Por cierto, mientras Obama ponía un pie en el aeropuerto la televisión cubana se desentendía de su presencia reproduciendo un viejo concierto de Silvio Rodríguez.
Alguien aconsejó a Obama que mediante su cuenta Twitter debía saludar a los cubanos con el característico ¿Qué bolá? del argot isleño, eso pese a lo chabacano hubiera sido un golpe efectivo si los cubanos tuvieran todos acceso a internet y a Twitter, lo que no es el caso. Aunque habría sido preferible un “Cubanos, viva Cuba Libre”, pero eso es mucho pedir a un presidente showbizness y populista. Además, recordemos que vivimos en un mundo que prefiere descerebrarse con las Kardashian antes que encerebrarse con Walt Withman.
Pero ¿qué sucedió en la mañana del primer día de la visita del hombre que gobierna la potencia mundial? Pues bien, como era de esperar, el régimen se dedicó a reprimir a la oposición pacífica, y no contentos  con eso los esbirros visitaron casa por casa para intimidar y prevenir a la gente de que salieran lo menos posible de sus viviendas. Es la razón por la que en el trayecto de la comitiva de Obama se notaba una ciudad despoblada, vacía, sin un alma, sobre todo en el área del Malecón. Aunque en un video de la publicación OnCuba Magazine que la dirige el empresario pro castrista Hugo Cancio, pese a las imágenes de una gran desolación, se diga lo contrario negando la evidencia. Puedo imaginar que ya Obama ha sido informado de tales sucesos.
La tercera trajinada ha sido invitar a Obama a la Catedral de La Habana, con un público muy ordenado en las afueras y entrenado para ovacionarlo cuando atravesara el portón del templo. Viví en La Habana Vieja, a dos pasos de la catedral, trabajé con Eusebio Leal, sé cómo se organizan esos eventos que nada tienen de espontáneos. Como tampoco tienen de espontáneos los mítines de repudio. Es un pueblo que, según como se despierten los dictadores, está dispuesto a ovacionar como a apalear.
La cuarta trajinada es invitar a Obama a una paladar “privada” afrocubana, mesa con mantel de plástico, propiedad de cubanos con influencia dentro del régimen, que poco tiene que ver con la antigua fonda de pueblo. Aspira a ser el equivalente de una fonda, desde luego, ahora monitoreada por los chivatientes y los micrófonos, qué duda cabe, mientras el pueblo, alebrestado, qué remedio, aplaude y vitorea con el estómago vacío. Aquí el video de la llegada al paladar.
La quinta trajinada es exponerlo a hablar desde un teatro al que le han cambiado recientemente el nombre. Antes llevaba el nombre del gran Federico García Lorca y ahora lleva el de la tirana del ballet nacional, Alicia Alonso, por su culpa los destinos de decenas de extraordinarias bailarinas fueron desmoronados. Por otra parte, un presidente de los Estados Unidos, no se dirige a un pueblo por primera vez desde un teatro. Un teatro, que por demás, y eso lo sabe Obama estará cundido de segurosos, allí no habrá la más mínima representación del pueblo cubano de a pie. Para evitar eso mismo habría sido mejor que el presidente se dirigiera a la nación desde las oficinas de la embajada norteamericana, tal como hizo para el personal de la embajada, pero exigiendo que su alocución fuera televisada a todo el país.
La sexta trajinada es obligar al presidente a ser la figura central de un juego de pelota junto a Castro II, impuesto y no elegido democráticamente, lo recuerdo, por Castro I. El béisbol desde hace mucho tiempo no hilvana la vida de los cubanos, la alienta, pero no es un eje esencial para los cubanos cuya primera preocupación es comer, luego vestir, y después ver cómo inventan para largarse de aquella isla desgraciada. Lo sé yo que algo sé del tema porque escribí toda una novela donde cada capítulo es un inning y la estructura de la narración tiene la de un juego de béisbol, se titulaMilagro en Miami.
Pero la mayor trajinada, a la que el presidente se ha prestado con gusto, es la de reunirse con el asesino Raúl Castro, como lo que es “un empleado más del castrismo”, según otro amigo mío. Visitar la finca de los hermanos horrendos que han desgobernado durante cincuenta y siete años es legitimar una de las más crueles dictaduras que ha existido en la historia mundial. Ayer, mientras veía a través de internet al presidente de Estados Unidos explicarle algo a una de sus hijas frente a la estatua de Carlos Manuel de Céspedes en la Plaza Vieja, me preguntaba si de verdad Obama sabe algo de lo que le estaba diciendo a la muchacha, si de verdad conoce Obama el significado de la muerte del Padre de la Patria a manos de los españoles, y de tantos muertos por la independencia y la libertad de Cuba. Sería muy vergonzoso para esa joven descubrir un día que su padre le mintió con el único propósito de lucir y posar para las cámaras. Por el momento su traición con esta visita es muy dolorosa para los demócratas cubanos. De su discurso así como de su encuentro con la oposición (si es que llega a producirse), yo personalmente, espero muy poco, más bien nada. “Veremos”, como repetía el mismo Carlos Manuel de Céspedes en su diario, diario en el que yo trabajé por cierto, y del que cuando lo publicaron el mismo Eusebio Leal borró mi nombre censurándome.