La Habana y Caracas urdieron una trama en paraísos fiscales para amparar el negocio millonario de pasaportes venezolanos


Entre delincuentes se entienden, hasta por tubos de pasta le entra el dinero a los castros, y bueno, a ver si Obama sigue con su paz y su cantaleta de que hay que hacer las pases. MB.
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DDC
El régimen de La Habana y el Gobierno de Venezuela urdieron una estructura de sociedades opaca mediante varios paraísos fiscales para amparar el negocio millonario de pasaportes venezolanos que mantienen ambos gobiernos socialistas desde hace años.

En una publicación conjunta entre el portal venezolano Armando.info y el peruano IDL Reporteros, en el marco de la filtración de "Los papeles de Panamá", se aportan las evidencias que muestran que los documentos de identidad venezolanos en realidad fueron diseñados en Alemania y que La Habana y Caracas crearon una trama societaria para que el dinero vinculado a este negocio circulara.
Según la investigación, la intermediación de La Habana dejó una estela de transferencias y comisiones que transitaron al menos por cuatro países. En esa operación, el banquero peruano Francisco Pardo fue un personaje clave.
Las informaciones apuntan que Pardo está detrás del entramado de empresas que permitieron al Gobierno cubano proveer los pasaportes de la Venezuela de Hugo Chávez.
Los documentos guardados —y ahora filtrados— en el bufete de Panamá Mossack Fonseca señalan al banquero peruano como el verdadero beneficiario de Billingsley Global Corp y otras de las empresasoffshore, que sirvieron de vehículo para que La Habana revendiera a Caracas la tecnología de los pasaportes bolivarianos.
Pero en realidad, las láminas de policarbonato de los documentos de identidad salieron de Alemania, de la empresa Bundesdrukerei. "La razón fundamental del por qué esta compañía no quiere venderle directamente a Cuba y Venezuela, es justo por el tema reputacional. Temen que la competencia haga propaganda adversa por el tema de ventas a gobiernos totalitarios".
Eso advirtió en una correspondencia interna de hace más de ocho años —el 26 de noviembre de 2007— el abogado Ramsés Owens, uno de los más altos ejecutivos del bufete en aquel entonces. "Menos mal que para nosotros en Panamá no hay nada que nos inhiba", aseguraba en el mismo correo.
Pardo Mesones terminó arreglando en Caracas una triangulación de transferencias y contratos a través de paraísos fiscales.
Con los contratos firmados junto a Cuba y Venezuela, la recién creada empresa Billingsley Gobal Corp se aseguró al menos 64 millones de euros: 40 millones debían llegar a Alemania y los otros 24 se quedarían con Pardo en Panamá, según advirtió Owens en otro correo dirigido a Sascha Haust del banco alemán Dresdner Bank AG.
Según la investigación periodística, no fue fácil encontrar bancos internacionales que aceptaran como garantías las cartas de crédito del Banco Financiero Internacional de Cuba, sobre el que pesa el embargo económico de Estados Unidos.
En Panamá, Credicorp y Multibank abrieron las primeras cuentas para Billingsley. Lo más difícil fue dar con otros actores que acompañaran las operaciones en Europa, para terminar de triangular el periplo de unas transferencias que salieron de Venezuela con destino a Alemania.
De acuerdo con el informe periodístico, los pasaportes venezolanos se han expedido de esa forma a la sombra de un absoluto hermetismo. La negociación —hasta ahora guardada en secreto— establece cláusulas expresas de confidencialidad en todos los contratos. Incluso en las siguientes fases, como se lee en el "Contrato I10-084-000/2010 para la ampliación del sistema de personalización de pasaportes y cédulas electrónicas para la República Bolivariana de Venezuela". 
El Gobierno cubano, además, se reservó el acceso al software a través de Albet Ingeniería y Sistemas, la filial que el régimen de los Castro diseñó exclusivamente para esta tarea. "Albet adquirirá un derecho de uso perpetuo, no exclusivo e intransferible a través del software entregado junto con el sistema", establece el documento.
Esta cuestión había sido advertida por el ingeniero en computación Anthony Daquin que —tras denunciar el caso— pasó de ser asesor del Ministerio de Interior y Justicia en Venezuela a asilado en Estados Unidos.
"Los cubanos manejan el software y marcan las directrices de seguridad". Eso declaró a la periodista Adriana Rivera en la edición del 20 de julio de 2011 del diario El Nacional, en un reportaje que por primera vez dio noticias sobre la mano de Cuba en el sistema de identificación venezolano.
"Los originales de los códigos fuente (los que describen el funcionamiento del software y permiten introducirle cambios) de las aplicaciones informáticas desarrolladas serán conservadas por la parte cubana mientras permanezca vigente el período de soporte técnico", dijo entonces, y hoy agrega desde Estados Unidos que nada ha cambiado: "Esta gente tiene la capacidad de hacer un pasaporte venezolano en Cuba y a la vez sembrar esos datos en el sistema".
Para Daquin, no es casual que Caracas se haya convertido en una de las ciudades más peligrosas del mundo justo cuando el Estado venezolano interconectó el registro civil con información tributaria y mercantil. "¡El crimen organizado está usando el sistema para secuestrar!", declara el experto.