'Brexit or not Brexit'

Es sabido que el exalcalde de Londres Boris Johnson es uno de los partidarios de que Gran Bretaña abandone la Unión Europea. No son pocos los que lo critican, se burlan de su desordenado pelo rubio insistiendo en que es teñido, e inclusive lo comparan con Donald Trump, y hasta lo tratan de manera infame de racista y fascista.

Boris Johnson es rubio natural, tal como ha confirmado su esposa, Marina Wheeler, quien por cierto es mitad inglesa y mitad india sij, abogada especializada en derechos humanos y dama consejera de la reina Isabel II. Boris Johnson, además de haber sido alcalde de Londres y de haber mantenido una notable carrera política, también es historiador y fue periodista. Ha publicado libros que han gozado de una extrema popularidad.
Los que enfrentan su posición pro Brexit describen a Johnson como un hombre ambicioso que alimenta con su posición intereses personales, los de convertirse en el sucesor de David Cameron por el partido conservador. Al defender su actitud, el exalcalde ha echado mano de la memorable figura de Winston Churchill apelando a la idea de que jamás Churchill hubiera aprobado que los ingleses continuaran en la Unión Europea. Personalmente le doy la razón, además sospecho que tampoco Margaret Thatcher lo habría aprobado.
Jo Cox, diputada por el partido laborista, defendía la posición contraria, que Gran Bretaña continúe dentro de la Unión Europea. Defendió su posición con su vida. Debido a sus opiniones fue salvajemente asesinada. Los ingleses se han identificado emocionalmente con este horrendo crimen, lo que ha conseguido cambiar la postura de numerosos ciudadanos frente a la votación de este jueves, que decidirá en las urnas si Reino Unido se queda en o sale de Europa.
En Francia, los políticos, como también ocurre en España y en otros países, se posicionan en su inmensa mayoría en contra del Brexit. Primero lo demostraron con grandes muestras de afecto hacia los británicos, cosa rara en este país, e iniciaron una campaña titulada "Abrace a un inglés". De modo que si cualquier francés se encontraba con un inglés en la calle debía abrazarlo y pedirle encarecidamente que votara en contra del Brexit. No estoy al tanto de si la campaña funcionó masivamente, como estaba previsto, lo dudo, conociendo la actitud arisca de los franceses y la sequedad de los británicos. El caso es que a última hora han pasado del cariño desbocado al insulto marrullero, y en diversos programas de televisión no cesan de echar pestes de los británicos y de sus negocios en Francia.
La verdad es que esos negocios no son tan abundantes, y que muchos ingleses se han marchado de aquí desalentados ante la lentitud para montar un comercio y aburridos de luchar con las trabas burocráticas; pero, sobre todo, también una buena cantidad de franceses, adinerados o no, decidió instalarse en Inglaterra huyendo del Gobierno socialista de François Hollande; incluso muy al principio, cuando ni siquiera se sospechaba que sería el desastre que es hoy.
El hecho es que, Brexit o no, los ingleses están hartos de la inmigración, que llega como gorriones, con el pico abierto a ver qué les cae dentro, según sus propias afirmaciones. Están cansados de tener que mudarse a los suburbios y de que algunos de sus céntricos barrios se hayan transformado en lugares violentos e invivibles. ¿Es algo exclusivo de los ingleses? No, al parecer también en Francia los franceses están hasta el moño de lo mismo.
Luego está lo otro. La gente se pregunta: ¿para qué sirve la Unión Europea?¿Para qué se le paga a esta gente, que en numerosas ocasiones se sitúan del lado de las dictaduras, como ha ocurrido con Cuba en los últimos tiempos? Pero lo que hay que preguntarse ahora es lo siguiente: si los británicos salen de Europa, ¿a cuántos países arrastrarían tras de sí?